El País – El caso del último desaparecido argentino se convierte en un problema grave para Macri

El pasado sábado, 20 supervivientes de la ESMA, el centro de torturas más famoso de la dictadura argentina, protagonizaron un sobrecogedor recorrido por las instalaciones, hoy convertidas en un modélico centro de memoria para no olvidar la represión. Uno tras otro, en las zonas donde fueron recluidos y torturados, donde murieron centenares de compañeros, en el mismo sótano donde otros eran drogados para ser introducidos sedados en aviones y después lanzados con vida sobre el Río de la Plata, narraban sus durísimas experiencias a centenares de personas allí reunidas. Y todos ellos, al presentarse, en la puerta de la ex ESMA, dijeron la misma frase: “Estuve aquí como detenido-desaparecido y quiero que aparezca con vida Santiago Maldonado ¿Dónde está?”.

El público aplaudía cada vez que se citaba el nombre. Algunos jóvenes, en vez de preguntar por los horrores del lugar, por los recuerdos de los supervivientes, les pedían que les aconsejaran qué hacer para presionar a favor de la reaparición de Maldonado, el último desaparecido argentino, del que no se sabe nada hace casi un mes.

Se le perdió la pista el 1 de agosto, durante una protesta de un grupo de mapuches en la Patagonia que han ocupado tierras del grupo Benetton. Los indígenas aseguran que a Maldonado se lo llevó la Gendarmería, los agentes lo niegan y el Gobierno los defiende. La principal hipótesis instalada en Argentina apunta a que lo mataron de algún golpe y escondieron el cadáver. Pero aún no ha aparecido ninguna evidencia que incrimine a los agentes y los testigos mapuches solo hablan encapuchados y sin ofrecer su nombre, porque este grupo de indígenas no reconoce a la justicia local. El caso se complica cada vez más, y hasta la Comisión Interamericana de Derechos Humanos ha reclamado al Gobierno que lo resuelva ya.

El escándalo crece cada día, y ya se ha convertido en un problema serio para el Gobierno de Mauricio Macri. Este fin de semana la campaña a favor de Maldonado estalló en las redes sociales: casi 500.000 tuits pedían al Gobierno que aclare dónde está el último desaparecido de un país en el que esta palabra tiene un significado especial. Argentinos famosos en todo el mundo se están interesando y se solidarizan con la causa en las redes. “Soy Gustavo Santaolalla y estoy grabando en Los Ángeles ¿dónde está Santiago Maldonado?” escribía el famoso músico, ganador de dos Oscars.

El caso ha llegado incluso al fútbol. El fin de semana, San Lorenzo y Temperley, dos equipos de primera, pusieron pancartas en sus estadios reclamando la reaparición. El Patón Guzmán, portero suplente de la selección argentina, se colocó una camiseta con el reclamo. Y el entrenador, Jorge Sampaoli, contestó cuando le preguntaron en la rueda de prensa previa al partido Uruguay-Argentina del jueves: “Como argentino, para los que vivimos aquella época [por la dictadura] molesta un poco que este tema no esté resuelto”.

El asunto ya no solo moviliza al sector más crítico con el Gobierno, los kirchneristas, empieza a extenderse entre su propio público, lo que es más inquietante para el Ejecutivo. La conductora estrella Mirtha Legrand, que apoya al Gobierno, fue especialmente dura en sus preguntas sobre el asunto a Patricia Bullrich, la ministra de Seguridad, que insiste en defender a los gendarmes y aún no ha apartado siquiera a los responsables del operativo.

Bullrich, que fue cercana al mundo montonero –su hermana fue pareja de Galimberti, uno de los más conocidos dirigentes del grupo- y recorrió casi todos los partidos hasta llegar al macrismo, alimentó la polémica con una frase sobre los represores y los guerrilleros: “Ni los demonios eran tan demonios ni los ángeles tan ángeles”.

El Gobierno trata de alentar otras hipótesis para la desaparición de Maldonado, como la posibilidad de que en realidad fuera víctima de una pelea 10 días antes en la que no participaron los agentes, pero tampoco aporta ningún elemento sólido para esa alternativa. La familia insiste en que Maldonado desapareció a manos de la policía. Ahora además han publicado un vídeo para demostrar que él estaba allí el 1 de agosto, pero el hombre que ellos señalan aparece encapuchado, con lo que tampoco hay certezas.

El Ejecutivo está cada vez más inquieto y se molesta mucho cuando tratan de asociar a Maldonado con los desaparecidos de la dictadura. La comparación no resiste un mínimo análisis: entre 1976 y 1983 un gobierno militar organizó una represión masiva sin juicio ni garantías que terminó con 30.000 desaparecidos. Desde hace 34 años en Argentina se suceden gobiernos democráticos y ha habido escándalos de desaparecidos, pero nunca ningún plan sistemático.

El Gobierno insiste en que están trabajando para encontrarlo pero no hallan ninguna evidencia de que se lo llevaran los gendarmes. De hecho no dan ningún crédito a los testigos ni a la familia y aseguran que ni siquiera tienen claro que estuviera en ese lugar el 1 de agosto. En su último informe de gestión en el Congreso, el jefe de Ministros, Marcos Peña, remarcó ante los diputados que el Gobierno está comprometido con la búsqueda de Maldonado. “No hemos encubierto a nadie y queremos que se sepa la verdad. Seremos todo lo duro que tengamos que ser con cualquier persona del Estado que se haya apartado un centímetro de la ley y de la aplicación de la fuerza pública”, dijo.

El juez del caso, Guido Otranto, sigue buscando evidencias y está haciendo todo tipo de pruebas de ADN, pero el caso ha entrado en un marasmo de confusión habitual en Argentina. Dos años y medio después no se sabe si el fiscal Nisman murió o fue asesinado. 23 años después aún no hay autores claros ni condenados del atentado a la AMIA, que dejó 85 muertos y que precisamente investigaba Nisman cuando apareció muerto con un tiro en la cabeza.

Los argentinos están pues muy acostumbrados a los casos sin esclarecer y la impunidad. Sin ir más lejos, la justicia permitirá a Carlos Menem que se presente a las elecciones al Senado a pesar de estar condenado por tráfico de armas. Pero este caso ha superado el alto nivel de tolerancia de los ciudadanos del país austral a los escándalos. El Gobierno ya sabe que tiene un problema mayúsculo en plena campaña electoral, pero mientras no aparezca el cuerpo la solución está muy lejana y el caso solo puede empeorar.

https://elpais.com/internacional/2017/08/29/argentina/1504042856_622539.html

Página 12 – Santiago Maldonado y La Visita de las Cinco en la ex ESMA

En el Día del Detenido Desaparecido, Juan Forn relata la recorrida del Sitio de Memoria que realizó junto a más de veinte sobrevivientes de la última dictadura

El último sábado de cada mes se realiza en la ESMA “La Visita de las Cinco”. Es una actividad pública que consiste en una recorrida por el centro clandestino de detención y tortura. Lo que la hace doblemente estremecedora es que siempre participan de ella algún sobreviviente del campo y algún invitado especial (que por lo general ha tenido un rol importante en los juicios de la causa ESMA). Se suma siempre al grupo un escritor invitado para que relate después el encuentro. Hasta donde yo tenía entendido, participaban por lo general de la visita un sobreviviente y entre veinte y cincuenta personas como público, más o menos la misma cantidad de gente que albergaba en cada piso el recinto en su oprobioso momento de actividad (se calcula que pasaron más de cinco mil detenidos por la ESMA, pero de cincuenta en cincuenta).

Con esa idea en la cabeza fui el sábado pasado a La Visita de las Cinco: pensando que iba a asistir a una ceremonia casi íntima. Pero en lugar de uno o dos sobrevivientes vinieron veinte, y en lugar de cincuenta personas de público había más de quinientas. Era el sábado más cercano al Día Internacional del Detenido-Desaparecido, sí, pero creo que influyeron más la consternación y la cólera por la desaparición de Santiago Maldonado: era la primera Visita de las Cinco desde que se lo llevaron. Aquella ceremonia íntima ya se había convertido en otra cosa antes de empezar.

Para los sobrevivientes es siempre difícil ir a la ESMA; los deja sacudidos por varios días. A veces se les hace más fácil estar ahí acompañando que dando testimonio. Pero ahí estaban. El centro clandestino de detención funcionó en el casino de oficiales de la ESMA, un edificio pequeño de tres pisos; los lugares de cautiverio (en el sótano y en el altillo del tercer piso) albergaban no más de cincuenta detenidos a la vez. Pero ahora había más de quinientas personas queriendo entrar. Para peor lloviznaba, no se podían usar los espacios abiertos para que en el momento decisivo de la visita, el final, el cierre, pudiéramos estar todos juntos. Y sin embargo se pudo. Lo que primó en todo momento a lo largo de la visita fue la cercanía del otro, de los otros: lo que estaba pasando ahí era un fenómeno colectivo.

Yo pensaba ingenuamente que, a cada paso del recorrido, el chico-guía (son todos jóvenes los guías del Museo-Sitio de la Memoria) llevaría la voz cantante y los sobrevivientes agregarían algo. Sin embargo, ya desde el principio pasó lo mismo, en todos los grupos en que se habían dividido público y sobrevivientes: el guía se frenaba, esperaba que la gente se acomodara alrededor y entonces miraba a los sobrevivientes, y ellos empezaban espontáneamente a hablar, de a uno. Se cargaban la visita al hombro.

La Armada entregó vacío el edificio en el año 2004; no dejó ninguna evidencia del centro de detención. El Museo-Sitio de la Memoria conservó las instalaciones tal cual las recibieron (lo único que se le ha agregado es información, que se proyecta sobre las paredes desnudas, y no hay ni imágenes ni voces de los desaparecidos, a pedido de los familiares de las víctimas). De manera que es el relato de los sobrevivientes, cuando señalan un espacio vacío en el piso de cemento del altillo (Capucha), o una habitación pelada (El Cuarto de las Embarazadas), o un rincón anónimo del sótano (la Sala de Tortura, a la que se llegaba por la Avenida de la Felicidad) lo que hace que veamos lo que veían y padecían ellos: el museo sucede en nuestra cabeza. No: donde sucede, donde encarna, es en ese hombre o mujer de sesentipico que nos está hablando, que nos está contando cómo fue estar ahí hace cuarenta años, cuando tenía veinte. Uno de ellos cuenta que los abogados en el Juicio le decían que tenía una memoria envidiable: “No le deseo a nadie recordar lo que yo recuerdo”, les contestó.

Me impresiona, me despierta profunda admiración, el aplomo que tienen los sobrevivientes cuando hablan. Mientras subimos las escaleras hacia el tercer piso al principio del recorrido, uno de ellos que camina a mi lado me dice: “Por acá nos subían. Ya teníamos la capucha puesta, así que a esta escalera la adivinábamos, más que verla”. Cuando recorremos Capucha, otro de los sobrevivientes nos hace imaginar el enorme lugar vacío dividido en tabiques, cada uno con un colchón en el piso, donde dormían engrillados y encapuchados los detenidos. Cada quince días, cuando el olor era insoportable, los bañaban; de comer les daban una vez al día una taza de mate cocido y un “bife naval”: un pan con una rodaje de carne seca. Pasando El Cuarto de las Embarazadas está El Pañol, donde se acumulaba el pillaje, el botín que traían los grupos de tareas cuando vaciaban los departamentos de los detenidos (después llevaban a un grupo de cautivos al que habían bautizado La Perrada a pintar y arreglar esos departamentos para venderlos; pero en El Pañol se veía que hasta en su codicia eran miserables los grupos de tareas: allí se acumulaban en forma dantesca desde baqueteados electrodomésticos hasta cajitas de música rotas).

Los detenidos eran trasladados al sótano para las sesiones de tortura, donde sonaba música a todo volumen todo el tiempo. Según las épocas, el disco que sonaba en un macabro loop perpetuo era “La felicidad”; “Satisfaction” de los Stones; “Salta pequeña langosta” de Rubén Mattos y otra canción de Palito Ortega, esa que dice: “Tirate al río en la parte más profunda / y después cuando te hundas si querés podés gritar”. Las luces blancas, desangeladas, del techo no se apagaban nunca. En un rincón del sótano torturaban; en el otro tenían al Staff, la otra mano de obra esclava: los detenidos que trabajaban en falsificación de documentos y redacción de textos que contestaran a la campaña antiargentina en el exterior o en el lanzamiento de la plataforma política de Massera, en una oficina separada con paredes endebles del resto del sótano. Los miércoles vaciaban el lugar: no trabajaba nadie. Porque los miércoles era el día de “traslados”: a los detenidos les hacían creer que los trasladados iban a otros centros o a “granjas de recuperación”; como bien sabemos hoy, los dormían con una inyección de “pentonaval”, los cargaban como bultos en camiones rumbo a Aeroparque y ahí los subían a aviones y los tiraban al mar.

Eran pocos los que duraban mucho en la ESMA: mientras estaban detenidos les mostraban por ejemplo a Norma Arrostito, para que pensaran: “Si a ella no la mataron quiere decir que no matan”. A pesar de eso, algunos fueron adivinando el destino de los trasladados (cuenta uno de los sobrevivientes que, al verlo con la ropa tan rota, el Tigre Acosta hizo que le dieran ropa nueva y recibió la camisa y el pantalón de un compañero suyo que había sido “trasladado” el día anterior). La siniestra estrategia de los milicos incluía también liberar a algunos pocos detenidos cada tanto: para que contaran lo que sabían, y para que se desconfiara de ellos por haber sobrevivido (“Padecimos por partida doble el estigma del Algo Habrán Hecho”). Todos ellos siguieron vigilados y monitoreados por los milicos hasta fines de 1983. Todos ellos escucharon de sus verdugos, al ingresar en la ESMA, que estaban entrando en un lugar que no pertenecía a este mundo: “No estás vivo ni estás muerto”, les decían, palabras casi calcadas de la inmunda declaración de Videla: “Los desaparecidos no están, no son, no existen. Ni están vivos ni están muertos; están desaparecidos”.

En el sótano, entre el sector de tortura y el del Staff sale una escalera hacia la superficie, por donde se llevaban los cuerpos inconscientes de los trasladados rumbo a los camiones estacionados en el patio. Hoy es un espacio vidriado sin salida donde sólo entran el viento y la lluvia, el único tramo del recorrido en que el visitante tiene que volver sobre sus pasos, para llegar al playón donde siempre tiene lugar el cierre. A causa de la llovizna, nuestra visita terminó en cambio en El Dorado, el gran salón de planta baja donde los grupos de tareas planeaban los operativos, limpiaban sus armas, se dividían el botín. Somos quinientas personas sentadas en el piso, de cara a una de las paredes donde, en una fila de sillas, están sentados los veinte sobrevivientes y varias Madres de Plaza de Mayo. En las otras paredes se proyectan las últimas imágenes de la visita: todos los oficiales que participaron de los horrores de la ESMA que han sido o están siendo juzgados, o que zafaron por morirse antes. La identidad de muchos de ellos pudo ser conocida gracias a Víctor Basterra, uno de los sobrevivientes que está presente en la visita. Basterra estuvo detenido aquí desde 1979 hasta diciembre de 1983. Fue secuestrado junto a su esposa y su hija recién nacida, torturado, padeció dos paros cardíacos. Luego lo derivaron al Staff para falsificar documentación (era obrero gráfico). Escondió copias de las fotos que le ordenaban hacer y, cuando comenzó a tener permisos de salida, las fue sacando a escondidas. Las guardaba en un hueco en la pared de su casa; se lo contó a una compañera por si en algún momento era “trasladado”. En el Juicio a las Juntas brindó el testimonio más contundente de todos los testigos: cinco horas cuarenta. Además entregó todo aquel material que logró ir sacando de la ESMA. Gracias a esas fotos se pudo conocer la identidad de muchos desaparecidos en los vuelos de la muerte y también de muchos oficiales que participaban de los grupos de tareas.

El pequeño, coqueto edificio del casino de oficiales de la ESMA encarna como ningún otro centro de detención todas las iniquidades del terrorismo de Estado: la tortura, el pillaje, la mano de obra esclava, el manejo psicológico de las personas, la mentira, la impunidad, el sadismo, el robo de bebés, el arrojar seres vivos al mar. Somos quinientos escuchando a esos veinte sobrevivientes; deberíamos ser cuarenta millones, pienso. Y deberíamos, todos, en este momento, estar exigiendo en voz alta lo mismo que reclaman esos veinte, las últimas palabras que dicen al final de la visita: Aparición con vida de Santiago Maldonado. Juicio y castigo a los culpables. ¡Nunca más!

 

 

 

 

https://www.pagina12.com.ar/59729-santiago-maldonado-y-la-visita-de-las-cinco-en-la-ex-esma

Internazionale.it – Prove tecniche di revisionismo in Argentina

, giornalista e scrittore

Visto da fuori, il Casino de oficiales a Buenos Aires sembra una palazzina dozzinale, bianca, composta da due ali che si aprono intorno a un corpo centrale. Tinteggiato da poco, è immerso nel verde, tra alberi alti e frondosi, al margine estremo di quella che un tempo fu la Escuela de mecánica de la armada, più comunemente nota come Esma. Durante la dittatura militare che insanguinò l’Argentina tra il 1976 e il 1983 fu uno dei principali centri illegali di sequestro, detenzione, tortura e sparizione degli oppositori politici gestito dalla marina. Insieme a Campo de mayo, il Casino – una struttura di tre piani in un angolo dell’Esma – fu il più grande luogo di desaparición forzada (sparizione forzata) della capitale. Da qui, si calcola, passarono almeno cinquemila persone, che in maggioranza furono poi eliminate con i voli della morte: i loro corpi, coscienti o anestetizzati, venivano gettati in mare dagli aerei al largo della costa. Nel gergo cifrato dei militari, i voli erano definiti “trasferimenti”.

I centri clandestini disseminati nel paese furono più di 500 e fecero scomparire trentamila persone, per lo più tra i 16 e i 35 anni. E se queste cifre non servono certo a spiegare cosa fu nel dettaglio il terrorismo di stato, permettono almeno di avvicinarsi a due sue caratteristiche fondamentali. L’operazione di “annichilimento della sovversione” fu condotta in maniera sistematica, capillare, ossessiva a Buenos Aires, Córdoba, Rosario, Tucumán, Mendoza fino alle più sperdute città della vastissima provincia argentina, e – per metterla in piedi e portarla a termine – richiese non solo il coinvolgimento delle forze armate, della polizia, dei tribunali, ma anche di settori più ampi della società.

Una cappa plumbea di sospetti, denunce, delazioni si creò accanto a una vita che, per molti, continuava a scorrere nella più assoluta normalità. In secondo luogo, la repressione ebbe un carattere fortemente generazionale. Si abbatté su una parte consistente di quella generazione che – a metà degli anni settanta, quando non già prima del ritorno in patria di Juan Domingo Perón nel 1973 – aveva abbracciato la militanza politica nelle formazioni comuniste, guevariste o peroniste di sinistra, tanto che, nell’involuzione retorica dei teorici della dittatura, gioventù e sovversione finiscono spesso per essere termini interscambiabili.

Nel 2004 il presidente Néstor Kirchner volle che diventasse la sede dell’Espacio memoria y derechos humanos. Nell’ultimo decennio è stato il cardine di una vasta opera di recupero della memoria che attraversa l’Argentina in maniera molto più incessante che nei vicini paesi latinoamericani, nonostante anche questi ultimi siano stati governati da dittature militari negli stessi anni.

Si può dire che fin dopo la sua morte nel 2010 e sotto la presidenza di sua moglie, Cristina Fernández de Kirchner, la macchina storica e quella giudiziaria siano andate avanti insieme. Da una parte, una volta giudicate incostituzionali le leggi dell’obediencia debida e del punto final, che avevano garantito un’ampia amnistia per i militari che avevano preso parte alla repressione, sono cominciati – non solo a Buenos Aires, anche in provincia – una miriade di processi che si sono chiusi con la condanna all’ergastolo di decine e decine di torturatori e repressori. Dall’altra il giornalismo, l’editoria, l’università, il dibattito pubblico, i musei sono stati attraversati, e in alcuni casi riplasmati, dalla riscrittura della storia degli anni settanta.

Tutto ciò è avvenuto dopo un limbo ventennale, in cui l’assenza di processi si era spesso unita al silenzio dei sopravvissuti e a quello delle generazioni successive, cresciute negli anni ottanta e novanta. Alla difficoltà di trovare le parole per decifrare l’orrore subìto si era spesso contrapposto il rifiuto di nominare il grande trauma da parte di chi era bambino durante la fase di passaggio dalla dittatura alla democrazia.

Di questo doppio movimento il museo dell’Esma costituisce l’architrave simbolico. Da una parte per la cosiddetta megacausa in cui è stato condannato l’intero Grupo de tareas che aveva organizzato e gestito la repressione al suo interno, e che è stata seguita da altri due processi conclusi e un terzo ancora in corso. Dall’altra per l’intervento museale che vi è stato realizzato, un intervento che – come si può leggere su una lastra all’ingresso – si basa su due assunti: “Minimo intervento, massima conservazione dei materiali originali”.

Dentro la macchina della repressione
Ciò che sorprende del campo di concentramento dell’Esma è la sua organizzazione razionale all’interno di uno spazio ridotto. I prigionieri erano detenuti in un angolo della soffitta chiamata capucha, sotto il tetto spiovente della palazzina. Erano detenuti a gruppi di sessanta alla volta, divisi in piccoli cubicoli separati, incappucciati, le gambe e i polsi legati. Non erano mai chiamati con il loro nome, ma semplicemente designati con un numero.

L’angusta capucha non è lunga più di trenta metri, il che fa capire perché lo spazio riservato a ogni singolo detenuto fosse definito “cuccia”. Una volta qui impossibile non fare due calcoli e pensare a quanto frequenti siano stati i “trasferimenti” per eliminare migliaia di persone attraverso un lager impiantato in una soffitta.

Accanto alla capucha ci sono poi altre stanze adibite agli interrogatori e alle torture, i bagni e una piccola camera destinata alle donne incinte: furono più di trenta quelle che passarono per l’Esma. I neonati venivano sottratti alle madri e consegnati a famiglie di militari o vicine al regime: si calcola che in tutto il paese furono più di 400 i neonati sequestrati. Finora, nonostante il lavoro delle Abuelas de plaza de Mayo (Nonne di plaza de Mayo), è stato possibile identificarne solo 122.

Sempre all’ultimo piano ci sono il pañol chico e il pañol grande. Nel primo venivano accatastati vestiti, scarpe, portafogli dei detenuti “trasferiti” o in procinto di esserlo. Nel secondo i beni sottratti nelle loro case: mobili, stufe, biciclette, librerie, valige, lavatrici.

Sotto la soffitta, per volere di Emilio Massera in persona, l’ammiraglio ai vertici della marina e della dittatura, fu creato il centro informazione che doveva rispondere alle campagne interne e internazionali contro la dittatura (come quella per il boicottaggio dei Mondiali del 1978).

L’intervento sulla struttura originaria è stato il meno invasivo possibile. Ogni tanto tra le stanze anguste e asettiche della capucha ci sono cartelli informativi o video con le testimonianze dei sopravvissuti al processo dell’Esma e nel primo processo contro i vertici della dittatura, quello del 1984-85, di cui rimangono solo poche ore di registrazione. I sopravvissuti si soffermano sui dettagli della loro detenzione, le violenze subite, il rapporto con il tempo, il terrore, i compagni scomparsi, gli oggetti e i piccoli dettagli a cui ci si aggrappa per non soccombere.

Dalla capucha erano portati nei sótanos, negli scantinati, dove venivano interrogati e torturati, torturati e interrogati, in sessioni lunghe e sistematiche. Per condurli dalla soffitta alle viscere della palazzina, e viceversa, veniva usata la scala interna. E qui il corteo incontrava gli ufficiali ospitati nel Casino. Non solo quelli addetti alla gestione del centro clandestino, non solo i grupos de tareas che avevano il compito di stroncare la sovversione, ma anche gli ufficiali che insegnavano nella Escuela mecánica de la armada e che ogni mattina si alzavano e uscivano da lì per tenere lezione. Ed è proprio questa vicinanza ad apparire oggi incredibile.

È lo stesso motivo per cui le stanze più sinistre dell’intero edificio sono quelle che al piano terra costituivano la Casa del almirante, la residenza occupata, a partire dal golpe del 1976, dal contrammiraglio e direttore dell’intera Esma Rubén Jacinto Chamorro, detto Delfín (Delfino). Una casa molto grande, i cui pavimenti sono quasi interamente ricoperti da parquet, con una cucina ultramoderna per gli standard dell’epoca e un ampio salone di rappresentanza che affacciava sul giardino interno, i pini, le aiuole curate. Qui Chamorro ospitava la famiglia nei fine settimana. Durante la settimana invece era solito salire in soffitta, accompagnato dai suoi sottoposti, per far visita ai detenuti incappucciati che, una volta torturati, sarebbero stati “trasferiti”.

Oltre l’Esma
A giudicare dal numero di persone che si incontrano tra i corridoi, l’Espacio memoria ricostruito all’interno dell’Esma è un luogo molto visitato. Turisti stranieri, scolaresche, studenti universitari… Così come molto visitato è il centro Haroldo Conti, che sorge poco più in là e che ospita mostre, spettacoli teatrali, dibattiti, rassegne cinematografiche (lo spazio cinema prende il nome di Raymundo Gleyzer, regista militante dell’Ejército revolucionario del pueblo fatto sparire il 27 maggio 1976).

Tuttavia, per capire come l’Espacio memoria sia solo la punta dell’iceberg di un movimento di recupero diffuso, molecolare, occorre allargare lo sguardo, in città e altrove.

La domanda alla base di tutto, e cioè “come è stato possibile tutto questo?”, attraversa una parte consistente delle ultime generazioni e ricorda quello che è accaduto in Germania dopo il 1968, quando cominciò un radicale processo di denazificazione. L’obiettivo non è dire ciò che non è stato detto per decenni, ma decostruire la zona grigia della dittatura e le tante contraddizioni di un passato politico complesso che riguarda non solo gli anni successivi al golpe, ma anche quelli convulsi che lo precedettero.

La biblioteca nacional ha ospitato per tutto il mese di giugno una mostra su Rodolfo Walsh, autore di Operazione massacro, ucciso dai militari subito dopo aver scritto Lettera aperta alla giunta militare. Della morte di Walsh sono stati ritenuti responsabili proprio Alfredo Astiz e il Grupo de tareas dell’Esma, dove il cadavere fu portato dopo il sequestro. Negli anni del kirchnerismo, Walsh, da sempre considerato dalla destra argentina alla stregua dei terroristi per la sua militanza nella formazione peronista rivoluzionaria dei Montoneros, è stato oggetto di un forte recupero (quasi in opposizione al conservatore Borges). La sua Lettera aperta è scritta quasi per esteso su dei pannelli di vetro nel parco davanti al Casino de oficiales. I suoi libri e racconti spuntano nelle vetrine di tutte le librerie. Il suo volto (gli occhiali dalla spessa montatura nera, le guance scavate) compare nelle foto issate in ogni manifestazione di ricordo dei desaparecidos. Gli è stata intitolata anche una stazione della metro.

Sui marciapiedi di Buenos Aires spuntano invece le baldosas por la memoria. Piccole targhe, spesso colorate, che ricordano il nome dei militanti che hanno vissuto nel quartiere e proprio lì, nelle case che affacciano su quei marciapiedi, sono stati sequestrati. In un quartiere come San Cristóbal, lo stesso in cui fu sequestrato Rodolfo Walsh, ce ne sono tantissime. Sulle strade principali del quartiere formano una lunga striscia che accompagna il cammino dei passanti.

La minaccia del revisionismo
Da quando Mauricio Macri si è insediato alla presidenza, e cioè nel 2015, organizzazioni storiche come le Madres, le Abuelas e gli Hijos temono che il lavoro fatto nell’ultimo decennio sia messo in discussione. Due sono i capisaldi teorici attraverso i quali sarebbe avallato il revisionismo storico. Il primo è la messa in discussione del numero dei trentamila desaparecidos. Ne sono un esempio le parole pronunciate da Claudio Avruj nell’agosto del 2016, nuovo segretario di diritti umani (settore del ministero della giustizia incaricato di coordinare le azioni di promozione e di difesa dei diritti umani), indignato per l’equiparazione tra i militari argentini e i nazisti: “I desaparecidos non superarono i novemila, però le organizzazioni dei diritti umani hanno fatto così tante storie da obbligarci a ripetere la menzogna delle trentamila vittime”.

Il secondo è costituito dalla teoría de los dos demonios, secondo cui c’è stato sicuramente il terrorismo di stato, ma c’è stato anche quello delle formazioni estremiste, il primo si è opposto al secondo, e gli argentini sono finiti nel bel mezzo di questo fuoco incrociato. Pertanto, come si ricordano i morti degli uni (per esempio i “trasferiti” dell’Esma), bisogna cominciare a ricordare anche i morti degli altri. Ed è stato proprio Claudio Avruj a ricevere gli esponenti del Centro de estudios legales sobre el terrorismo y sus victimas, organizzazione che vorrebbe far processare i militanti delle organizzazioni guerrigliere sopravvissuti al terrorismo di stato e responsabili di azioni armate.

Nel nuovo museo della Casa Rosada, che sostituisce per volere del nuovo presidente il museo del bicentenario voluto da Cristina de Kirchner, la storia degli ultimi due secoli del paese è raccontata con parole diverse rispetto a quelle ufficiali degli anni precedenti. In particolare, gli anni che vanno dal 1955 al 1983 sono definiti sbrigativamente “república condicionada”, come se fossero un unico blocco. La parola “dittatura” è usata con parsimonia, mentre si parla esplicitamente di formazioni terroriste peroniste che hanno contribuito al caos da cui poi germinò il “piano di riorganizzazione nazionale”.

A ciò si aggiungono gli avvicendamenti alla direzione di quasi tutti gli istituti culturali voluti dalla nuova presidenza. E, come lamentano per esempio alcuni dipendenti del centro Conti che preferiscono rimanere anonimi, i fondi destinati alle politiche della memoria cominciano a essere ridimensionati, quando non destinati direttamente ad altre iniziative.

La punta dell’iceberg di questo sommovimento è costituita dalla vicenda del “2×1”. Quando la corte suprema, grazie all’impulso dei nuovi giudici nominati da Macri, ha proposto di dimezzare gli anni di carcere per alcuni responsabili del terrorismo di stato che si sono macchiati di crimini contro l’umanità, riesumando la “legge del 2×1”, a Buenos Aires si è tenuta ai primi di maggio un’imponente manifestazione. Non c’erano solo le organizzazioni storiche come ad esempio le Abuelas che sul loro bollettino mensile hanno ribadito: “Non permetteremo l’impunità. L’unico luogo per un genocida è la prigione comune, perpetua ed effettiva”.

La grande maggioranza dei manifestanti aveva meno di 35 anni: cosa usuale nell’Argentina odierna, chi è nato dopo “i fatti degli anni settanta” è più portato a schierarsi di chi è nato prima. Inoltre, a poche ore dalla manifestazione, il senato aveva votato quasi all’unanimità (con un solo voto contrario) una legge che rende inapplicabili i benefici dello sconto di pena per chi si è reso responsabile di crimini contro l’umanità. Così la corte, e lo stesso governo Macri che aveva appoggiato la misura, sono stati costretti ad arrendersi.

Quelle manifestazioni hanno segnato uno spartiacque nel rapporto tra il governo Macri e le politiche della memoria adottate fino alla sua presidenza. Come dice Horacio Verbitsky (tra i primi a denunciare la regresión in materia di diritti umani con un lungo articolo sul quotidiano Página12), “il tentativo da parte del governo c’è, è in atto ed è del tutto evidente, ma non è detto che prevalga”. Non è detto che ciò avvenga, prosegue Verbitsky, perché ormai le parole d’ordine dei diritti umani e la condanna del terrorismo di stato sono talmente radicate tra le persone e nel discorso pubblico, da non permettere un colpo di spugna, almeno non tanto facilmente.

Ribaltamento della verità
Verbitsky, autore di Il volo, uno dei libri fondamentali per capire come è stata condotta l’eliminazione sistematica degli oppositori, mi riceve nel suo studio nel cuore di Buenos Aires, a poche centinaia di metri dall’obelisco al centro di avenida 9 de Julio. La stanza è piccola e affollata di libri e, tra le foto che spuntano alle spalle della scrivania, è impossibile non notarne una che lo ritrae da giovane (avrà avuto meno di trent’anni) accanto a Juan Domingo Perón. Nella foto sorridono entrambi. Da giovane peronista di sinistra, Verbitsky era poi entrato nei Montoneros, collaborando con Walsh alla creazione della Agencia de noticias clandestinas, uno dei pochissimi tentativi di mettere in piedi un centro di controinformazione durante la dittatura.

Del nuovo revisionismo dice lapidario: “Un conto è l’autocritica, un altro il ribaltamento della verità. Non è vero che i sopravvissuti delle formazioni guerrigliere non abbiano fatto autocritica. Noi Montoneros per esempio l’abbiamo fatto. Abbiamo criticato il nostro militarismo, il settarismo, gli errori commessi. Ma ora si pretende qualcosa di diverso, si pretende che i sopravvissuti e le organizzazioni dei diritti umani assumano lo stesso punto di vista di chi allora stava con la dittatura”.

Se da una parte c’è chi vorrebbe sostituire l’analisi del terrorismo di stato con quello della lotta tra opposti estremismi, dall’altra c’è chi sostiene – proprio sulla scia dei libri di autori come Verbitsky – che quella argentina non è stata semplicemente una dittatura militare, bensì una dittatura “civico-militar y ecclesial”. E che quindi occorre estendere l’analisi anche alle responsabilità di una parte delle istituzioni ecclesiastiche e delle alte sfere dello stato (i giudici, per esempio) e dell’economia (le grandi imprese che avevano, e hanno, in mano l’economia del paese).

Due libri da leggere
Basta fare un giro in una delle tantissime librerie che affollano Buenos Aires (lungo a Corrientes, tra librerie di catena, indipendenti e di libri usati, ne ho contate una ventina in pochi isolati) per accorgersi di quanti libri sugli anni settanta siano prodotti ogni anno, se non addirittura ogni mese. E di come molti di questi rispondano a tale esigenza ulteriore di spazzolare la storia contropelo, che va ben oltre il modo in cui lo scontro politico tra kirchnerismo e antikirchnerismo ha utilizzato, da una parte e dall’altra, lo spazio della memoria.

Vorrei segnalare due tra i libri usciti negli ultimi mesi che più hanno suscitato un dibattito. Il primo è Ceniza que te rodearon al caer di Federico Lorenz, un esempio rigoroso di giornalismo narrativo che scava nella vita di Ana María González, la ventenne militante montonera che nel 1976 uccise il capo della polizia della dittatura Cesáreo Cardozo.

Ana María era collega di università della figlia di Cardozo, studiavano insieme, era accolta regolarmente nella casa del generale, che poco o nulla sospettava di lei fino a quando un pomeriggio non pose una bomba al tritolo sotto il letto dove dormiva. Lorenz non rievoca solo i fatti di allora, ma il modo in cui furono raccontati dai mezzi d’informazione vicini al regime, e soprattutto compone la biografia di Ana María González, cosa l’ha spinta alla militanza e a una simile azione, provando a ridurre la distanza tra il contesto dell’Argentina di quegli anni e quello attuale. Cos’è cambiato davvero? Cosa appare lontano anni luce?

Profeta del genocidio, dei giovani storici Lucas Bilbao e Ariel Lede Mendoza, analizza invece la controversa figura del vescovo Victorio Bonamín, ai vertici del vicariato castrense, che guidò i cappellani militari mentre si compiva la mattanza. Bonamín rappresenta il punto più estremo di quella parte della chiesa cattolica organica alla dittatura militare, tanto da arrivare a legittimare l’uso della tortura nella guerra contro il caos “creato dai sovversivi”.

Ma se centinaia tra i militari e i poliziotti dell’epoca sono stati condannati all’ergastolo o a pene cospicue per crimini contro l’umanità, lo stesso non si può dire per i cappellani militari e per quella parte della chiesa vicina alla dittatura. Finora il solo caso di un cappellano condannato al carcere a vita è quello di Christian von Wernich, che prese parte alla repressione a La Plata e che è stato ritenuto responsabile di 33 sequestri e 19 omicidi. I curati coinvolti sono stati presumibilmente un centinaio, ma nessun altro processo è riuscito, per un motivo o per un altro, a giungere a conclusione.

Nominare i sommersi
Oltre all’ex Esma, l’altro importante polo pubblico intorno al quale si articola il ricordo delle vittime del terrorismo di stato è il parque de la Memoria che sorge lungo il mare, a due passi dalla città universitaria.

Qui sono ricordati tutti i desaparecidos di cui è stato possibile indicare i nomi. Sono tutti impressi – i nomi e i cognomi di donne, uomini, bambini, seguiti dal numero di anni che avevano al momento della scomparsa – su lastre di porfido grigio disposte su cinque lunghissimi muri che paiono posati a zig zag sul prato verde. I nomi, nient’altro che i nomi. E l’età, nient’altro che l’età. Per i primi anni della dittatura, il 1976 e il 1977, quando la repressione fu feroce, la lista è interminabile.

Una fredda sequenza che permette ancora una volta di avvicinare, se non proprio comprendere pienamente, l’entità del terrorismo di Stato. I lunghissimi muri accompagnano il visitatore verso le acque marroni del rio de la Plata, il fiume-mare che bagna Buenos Aires. Ed è allora, proprio allora, che ho un sussulto.

Il ricordo essenziale (e allo stesso tempo insopportabile) di decine di migliaia di vite ridotte al nulla non può non far affiorare in un angolo della mia mente altri muri bianchi tappezzati di nomi, nient’altro che nomi, visti molti anni fa nella sinagoga di Praga. Nomi che nominavano altri sommersi ridotti in cenere nei lager europei, così come quelli nominati su questi muri furono dati in pasto ai pescecani, una volta “trasferiti” dal buio dei centri di detenzione.

https://www.internazionale.it/reportage/alessandro-leogrande/2017/08/28/argentina-revisionismo-dittatura

Página 12 – Un grito que se suma desde la ex ESMA

Pasadas las 17, una veintena de hombres y mujeres se paró de espaldas a la fachada del casino de oficiales de la ex Escuela de Mecánica de la Armada. La mayoría se reencontró ayer para participar de la “Visita de las Cinco” a ese lugar en el que se conocieron, en donde estuvieron secuestrados, en el que fueron detenidos desaparecidos, y del que sobrevivieron. El recorrido por las diferentes instalaciones del chupadero más grande que funcionó en el país durante la última dictadura cívico militar y que desde hace más de diez años es sitio de memoria fue especial no solo por que contó con los relatos los sobrevivientes, los que aportaron la información más importante para reconstruir el capítulo que el terrorismo de Estado escribió en esas paredes, sino porque esos relatos estuvieron resignificados por un dato del presente: la desaparición de Santiago Maldonado.

“Quiero hacer una pregunta: ¿Dónde está Santiago Maldonado?”, dijo Liliana Pontariero, una de las tantas sobrevivientes que pidió por la aparición con vida de Maldonado. “Mi nombre es Leonardo Martínez, me conocen por Bichi, estoy acá, lo que no sé es dónde está Santiago Maldonado.” Alejandro Clara contó la fecha de su secuestro y de su liberación, pero no aguantó las lágrimas para pedir sin llorar por la aparición con vida de Maldonado. Miriam Lewin pidió que el joven artesano, del que no se sabe nada desde el 1º de agosto pasado, aparezca con vida y que la Justicia castigue a los culpables. “Todos acá sabemos que Santiago es un desaparecido más”, planteó Ricardo Coquet. La Madre de Plaza de Mayo Vera Jarach, que participó del evento, fue la última en hablar. Saludó a los sobrevivientes, recordó a los 30 mil detenidos desaparecidos, a los cinco mil que pasaron por el centro clandestino de la Esma –entre los que está su hija Franca– e invitó a que todos, sobrevivientes, sus amigos y familiares que fueron a acompañarlos, al resto del numeroso público que se reunió ayer en el museo a pedir en un grito: “Que Santiago aparezca con vida”.

La coordinación del Museo Sitio de Memoria Esma suele organizar mensualmente, y con la participación de dos invitados, la “Visita de las Cinco”, una recorrida por los ambientes de secuestro, tortura, trabajo esclavo y maternidad clandestina. Pero ayer se conmemoró el Día Internacional del detenido desaparecido, y entonces, el equipo decidió homenajear a las víctimas que permanecen desaparecidas con el relato de aquellos que “se convirtieron en su voz”, explicó Alejandra Naftal, directora del museo. “Los sobrevivientes de este centro clandestino, con su coraje, su valentía y su amor, los convirtieron en la voz de los que no están”, continuó para presentarlos ante casi medio millar de personas.

Los 20 sobrevivientes se dividieron en cuatro grupos y comenzaron la visita del ex centro clandestino por sus diferentes ambientes. Víctor Basterra, Bettina Erhenhaus, Ana maría Soffiantini, el Bichi y Néstor Fuentes comenzaron por el “sótano”, el primer lugar al que “los verdes” llevaban a las víctimas. “Te bajaban del auto encapuchado, te metían por la escalera a las patadas, se iban sacando la ropa a medida que avanzabas por este pasillo, lo llamaban la ‘Avenida de la Felicidad’, y te mandaban a la sala de tortura”, relató el Martínez. “Acá en el fondo estaba la ‘huevera’ –sala de tortura–, las otras salas con camas, el laboratorio, donde falsificaban los DNI”, recontó Basterra, encargado hasta 1983, cuando lo largaron, de sacar fotos a los detenidos de la ex Esma. Fuentes volvió a sentir en el cuerpo la tortura. “Es muy fea y es muy feo pensar hoy en Santiago Maldonado”, dijo, volviendo al presente. Erhenhaus, que tenía 21 años cuando la secuestraron, también resignificó el momento: “Cuando estábamos adentro solo añorábamos que afuera alguien estuviera buscándonos. No nos olvidemos que Santiago sigue ahí, no dejemos de buscarlo”.

El grupo de Lewin comenzó por la “pecera”, un lugar donde algunos secuestrados eran obligados a hacer trabajos de prensa e informes para la dictadura. Liliana Vieyra y otros sobrevivientes, por la zona de reclusión, “capucha”. La visita culminó en el Dorado. “Acá, en la planta baja, armaban toda la estrategia de los secuestros”, apuntó Vieyra. “En esta planta hoy está la memoria de todos nosotros. Es un homenaje enorme el que estamos haciendo a nuestros compañeros, muchas gracias”, culminó. El grito de “30 mil presentes, ahora y siempre”, retumbó tres veces.

https://www.pagina12.com.ar/59196-un-grito-que-se-suma-desde-la-ex-esma

Página 12 – Métodos para no disolver el recuerdo

Por Silvina Friera

En un momento en el que varias acciones del Estado les restan apoyo a los Espacios de la Memoria, el encuentro organizado por el Instituto Goethe para esta tarde propone intervenciones artísticas, encuentros, performances y proyecciones.

”El tiempo presente y el tiempo pasado/ Están ambos tal vez presentes en el tiempo futuro/ Y el tiempo futuro contenido en el tiempo presente”, se lee al comienzo del “Primer Cuarteto” T. S. Eliot. Estos versos podrían preludiar la necesidad de plantear qué recordamos como individuos y como sociedad. El futuro de la memoria, un diálogo regional transdisciplinario y continuo organizado por el instituto Goethe en asociación con el Parque de la Memoria y el Museo Sitio de Memoria ESMA en Buenos Aires, desplegará un conjunto de intervenciones artísticas, encuentros, performances y proyecciones. La plataforma Episodios, conformada por los artistas y curadores Gabriela Golder, Marcelo Brodsky, Mariano Speratti y el colectivo Etcétera (Loreto García Guzmán y Federico Zukerfeld), realizará hoy a las 16 un recorrido performático por el ex centro clandestino de detención, tortura y exterminio, y luego presentará los primeros resultados de una investigación artística en la que están trabajando hace meses. Los episodios adoptarán las formas de la ficción teatral, el video, la fotografía y la performance con el propósito de imaginar lo que podría ser la memoria en el futuro. De los versos de Eliot, Golder eligió el título provisorio “Allí estaban ellos, dignos, invisibles”, una intervención que trabajará con la colección “Cartas de la Dictadura” de la Biblioteca Nacional, textos que fueron escritos desde diversas cárceles del país, el exilio o la clandestinidad.

“Como estoy trabajando con la ausencia del cuerpo, con las voces y los sonidos que completan los espacios, me parecía interesante pensar la tensión entre lo visible y lo invisible, el acá están ellos de las cartas, esas presencias palpables a través de las palabras”, cuenta Golder a PáginaI12. “Me interpelan las cartas en las que se habla de la vitalidad, pero también aquellas en las que se expresa el dolor del exilio, del estar lejos: las relaciones de una mamá encerrada con su hijo o de un tío con una sobrina; diferentes testimonios en los que busqué equilibrar el hecho de la denuncia con los relatos de ficción que servían para calmar la angustia: cómo era el clima que vivían, qué veían o imaginaban. Traté de que en ese gran espacio que proponen las cartas se encontraran estos hilos. La palabra se está diciendo hoy y actualiza esas cartas; hace un puente con esa palabra que escribió hace cuarenta años; es como abrir un tejido de momentos, de sensaciones, entre el documento y el afecto”.

Golder preparó una performance donde se leerán las cartas que seleccionó: la de Miguel Camejo a su sobrina Marcela (la leerá Leticia, hija de Miguel), la de Graciela Chein a sus padres y a su pequeño hijo, la de Charo Moreno a su madre, la de Patricia Borensztejn (desde la cárcel de Devoto) a su padre y a su madre, la de Paula Schprejer (exiliada en Israel) a su madre y varias de Laura Giussani entre miembros de su familia y a sus amigas. La convocatoria la hizo a través de su cuenta de Facebook y se sorprendió por la cantidad de personas que ella no conocía que expresaron su deseo  de leer algunas de estas cartas en el Sitio de Memoria ESMA. “Hasta recibí un mensaje de alguien que tenía cartas que están por fuera de la colección de la Biblioteca y quiere leerlas”, revela Golder. “Me parece que el proyecto se amplifica y sale de mí, ¿no? Me gusta trabajar de ese modo: tirar una línea y que esto crezca con el otro”. No quiere anticipar mucho más, pero aclara que la performance será “bien despojada”: las voces, los cuerpos de quienes van a leer, los textos. “No necesito nada más: la palabra me parece suficiente”, señala la artista. También desplegarán sus propuestas Mariano Speratti con “Reverberaciones del futuro”, situada en 2076, en el centenario de la dictadura cívico–militar; el grupo Etcétera lo hará con “Deriva a través de la Memoria Extractiva”, un recorrido imaginario a través del Neo-Extractivismo que establecerá vínculos entre los crímenes de lesa humanidad durante la última dictadura y el presente neo–extractivo; Marcelo Brodsky presentará su “Archivo vivo”, una lectura narrativa a través de fotografías intervenidas del material visual y textual de los archivos del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS).

Inge Stache, curadora de la programación cultural del Goethe, plantea que los procesos de construcción de la memoria histórica llevados a cabo en los países participantes del proyecto –Colombia, Brasil, Uruguay, Chile, Perú y Argentina–, “siguen vivos, son cambiantes y dinámicos”. “Temas como por ejemplo la cifra de los desaparecidos durante la dictadura o el reconocimiento de la gravedad de los crímenes de lesa humanidad parecían políticas de Estado inalterables en Argentina. Sin embargo hay intentos de cuestionar y debilitar la memoria construida hasta el presente y se vislumbra una puja para plantear la necesidad de olvido y ‘reconciliación’. Desde la experiencia alemana tenemos que advertir que no hay futuro sin memoria, no hay paz sin justicia. Una nación que no recuerda y elabora las atrocidades cometidos en su interior desde el mismo Estado está condenada a que se repite la historia”. Stache aclara que no se debe confundir la necesidad imperiosa de olvidar del individuo, que no sobrevive si no establece una memoria selectiva, con la memoria social y colectiva. “Una sociedad que no se hace cargo y transmite la experiencia del horror a sus descendientes, que no mantiene vivo y que actualiza permanentemente el debate por los derechos humanos y su estricto cumplimiento, se expone a que reaparezca el ideario autoritario”, agrega la curadora de la programación cultural del Goethe.

La sociedad exige a gritos la “Aparición con Vida” de Santiago Maldonado, el joven que permanece desaparecido desde el 1° de agosto, luego de un operativo que Gendarmería realizó dentro del territorio de la comunidad mapuche Lof Resistencia Cushamen. “No imaginamos la dimensión del retroceso en torno a los derechos humanos”, reconoce Golder. “Por momentos creo en la suma de acciones, desde la educación, desde lo artístico, en los necesarios ejercicios de memoria. Pero en otros momentos, me levanto pensando que lo único que deberíamos hacer es no dejar de interpelar al gobierno ni un segundo hasta que aparezca Santiago, que nada vale, salvo ser millones en la calles, millones que no dejemos que otros millones no se sientan implicados en este reclamo de ‘Aparición con Vida’”. La artista continúa reflexionando sobre este momento político en el que se intenta “terminar con los ejercicios de memoria”. “En el marco de El futuro de la memoria tuvimos algunos encuentros regionales y en otros países se planteaba la cuestión del olvido. Yo en esto soy super terminante: no se puede olvidar bajo ninguna circunstancia. Hay que salir a decir y a ocupar espacios”.

https://www.pagina12.com.ar/56035-metodos-para-no-disolver-el-recuerdo

Infobae – Cuál es el futuro de la memoria: actividades para repensar la historia

“La indiferencia es imposible de ocultar”, dijo en una entrevista el documentalista alemán Sergei Loznitsa. El año pasado dio a conocer su nuevo trabajo titulado Austerlitz: mediante planos estáticos y variados muestra cómo se mueven los turistas por los campos de concentración nazis en Alemania. ¿Qué es el turismo sino una forma de revisitar el pasado y habitar los espacios de la memoria? La pregunta sobre cómo lo hace es lo que mostró este cineasta. El instituto Goethe proyectará este sábado el documental para abordar la problemática sobre cómo reconstruyen su historia los diferentes países. El ciclo lleva por nombre El futuro de la memoria, las actividades propuestas son más que interesantes.

No será sólo en Argentina, ya que el Goethe -con centro en Munich- cuenta con más de 150 sedes alrededor del mundo. En Bogotá, por ejemplo, el tema convocante es el conflicto armado colombiano, en Lima se está trabajando sobre el conflicto interno de los años 80 y 90, y en Perú -al igual que en Buenos Aires- el foco está puesto en la última dictadura militar. El Parque de la Memoria y el Museo Sitio de la Memoria ESMA colaboran de forma activa para forjar debates necesarios.

Este sábado 12 de agosto, se desarrollarán los “episodios”. ¿De qué se trata? Los artistas Gabriela Golder, Marcelo Brodsky, Mariano Speratti y el colectivo Etcétera (Loreto Garín Guzmán y Federico Zukerfeld) presentarán los primeros resultados de su investigación artística en torno al posible devenir de la memoria. Son cuatro episodios expresados en forma de ficción teatral, video, fotografía, performance o intervenciones. Además de mostrar este work in progress, se realizará un recorrido performático por el Espacio Memoria y Derechos Humanos.

El sábado siguiente, el 19 de agosto, llega el turno del cine debate. Se proyectará el documental Austerlitz y, acto seguido, se realizará una charla con Alejandra Naftal (Museo Sitio de Memoria ESMA), Nora Hochbaum (Parque de la Memoria) y la cineasta Albertina Carri.

Pero, ¿cómo abordar la memoria sin caer en maniqueísmos? ¿Es posible repensar la historia sin empaparse de politiquería o, por el contrario, es necesario naufragar los mares de la coyuntura más específica para dar cuenta de los procesos de la época? ¿En qué consiste resignificar hoy el pasado y cómo evitar juzgar otra época con la moral de la nuestra? ¿Podemos mirar hacia el futuro sin reflexionar sobre lo que pasó y que aún nos duele? Todas estas preguntas, luego de enriquecedores debates el Goethe, tendrán algunos respuestas. A continuación, todas las actividades:

* El futuro de la memoria

https://www.infobae.com/cultura/2017/08/11/cual-es-el-futuro-de-la-memoria-actividades-para-repensar-la-historia/

Radio La Primerísima – Director de fundación Mandela visita sitio de memoria en Argentina

http://www.radiolaprimerisima.com/noticias/224666/director-de-fundacion-mandela-visita-sitio-de-memoria-en-argentina

Mira Zarate – Por primera vez la muestra Itinerante “WALSH EN LA ESMA” estará en Cámara de Diputados de la provincia

En el marco de la celebración del Día del Periodista fue inaugurada en el Salón de los Pasos Perdidos de la Cámara de Diputados bonaerense y permanecerá hasta el viernes 16 de junio, por pedido del presidente de la Cámara de Diputados Manuel Mosca, la Legisladora París brindó las palabras de apertura.

Originalmente ubicada en la Av. Del Libertador de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la muestra se trasladó a la Cámara baja provincial para contar aspectos del secuestro y la detención forzada de Rodolfo Walsh en la Escuela de Mecánica de la Armada durante la última dictadura cívico-militar.

Alejandra Naftal, directora ejecutiva del Museo de la Memoria, aseguró que “se intenta rescatar a través de las voces de los sobrevivientes que dieron su testimonio en los juicios por crímenes de lesa humanidad que se llevan adelante”.

Al tiempo que París contó, “Nos gustaría resaltar que esta es la primera vez que la muestra sale de la ESMA para exhibirse en otro lugar, en este caso, en el Salón de los Pasos Perdidos de esta casa de leyes”

La diputada Sandra Paris señaló que “la Cámara de Diputados, una vez más, marca su compromiso en la temática de Derechos Humanos, a través de todas las actividades que se han venido realizando en este año”. Y sostuvo que “para nosotros es muy importante esta muestra y sobre todo que se difunda a las generaciones nuevas que no vivieron el período 1976-1983, porque pueden venir y conocer la historia”.

“A través de documentos y videos, se intenta revalorizar la figura de Rodolfo Walsh en el imaginario social como periodista, escritor y militante y convocar a los visitantes a indagar sobre el capital cultural que la dictadura cívico militar de 1976 destruyó con la implementación del Terrorismo de Estado”

“Al mismo tiempo se pretende rescatar el valor del periodismo y  la libertad de expresión, pieza fundamental en el desarrollo de una sociedad democrática, explicó París.

http://mirazarate.com.ar/primera-vez-la-muestra-itinerante-walsh-la-esma-estara-camara-diputados-la-provincia/

El País – La CIDH vuelve a la casa del horror argentina 38 años después

Por Ramiro Barreiro

“La Comisión ha llegado a la conclusión de que, por acción de las autoridades públicas y sus agentes, en la República Argentina se cometieron durante el período a que se contrae este informe –1975 a 1979– numerosas y graves violaciones a los derechos humanos”. Así comienza el documento firmado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) que resume las observaciones de la histórica visita de 1979. En aquella ocasión, entre otras cosas, comprobaron el estado de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) y otros centros de detención; se entrevistaron con el entonces presidente Jorge Rafael Videla y también con unas jóvenes Madres de Plaza de Mayo. El hecho significó un duro traspié para los militares, que tres años después se vieron obligados a dejar el poder porque en diciembre de ese año se presentó un informe que fue censurado en Argentina y que criticaba duramente el “estado de excepción” que existía en el país al tiempo que denunciaba varias desapariciones.

“Es emocionante e importante para la CIDH volver a la ESMA. En el año 79 hubo una visita histórica que marcó un antes y un después en la relación del pueblo argentino con la comisión”. con esas palabras, el actual presidente del organismo, Francisco José Eguiguren Praeli, cerró una nueva visita, 38 años después, al predio en el que desde 2012 funciona el Espacio de la Memoria. En la puerta del recinto donde hablaron los comisionados (el archivo de la memoria), un grupo de residentes venezolanos los recibió con pancartas antichavistas.

Los enviados fueron guiados por familiares de detenidos desaparecidos, autoridades de la exESMA y cargos gubernamentales como el ministro de Justicia, Germán Garavano, y el secretario de Derechos Humanos Claudio Avruj, entre otros. El sobreviviente Carlos Muñoz pudo contar ante los Comisionados y Comisionadas que estuvo detenido-desaparecido en ese lugar en 1979 y que fue trasladado a la isla El Silencio, mientras en el edificio del Casino se hacían modificaciones edilicias para deslegitimar las denuncias. “Es un orgullo para mí estar aquí, que era un sitio espantoso donde desaparecieron 5.000 compañeros y hoy es un Sitio de Memoria, un lugar de Memoria, Verdad y Justicia”.

“El sentido histórico de esta visita en 2017 tiene mucho que ver con la comprensión de la importancia de la memoria para el proceso civilizatorio. La idea de que es siempre necesario tener un compromiso fuerte con las denuncias, ser vocero de las víctimas, saber de las más graves violaciones a los derechos humanos, es la base ética de nuestras sociedades. Para la CIDH visitar la ESMA, este edificio, es también un alimento para continuar con el trabajo de construir un sentido latinoamericano por una justicia internacional que condene los crímenes de lesa humanidad y reafirme su imprescriptibilidad”, reflexionó Paulo Abrão, actual Secretario Ejecutivo de la CIDH.

En enero, el organismo decidió involucrarse en un tema muy delicado para la política argentina como es la detención de la dirigente social kirchnerista Milagro Sala, encarcelada desde enero de 2016 en la provincia de Jujuy (a 1.500 kilómetros de Buenos Aires). El organismo se sumó a la solicitud del grupo de trabajo de Naciones Unidas e instó al Gobierno argentino a liberar a Sala para que afronte en libertad las investigaciones que hay en su contra. Sin embargo, la líder del movimiento Tupac Amaru cumple 500 días de detención. Este sábado, los representantes del organismo internacional cerraron en Buenos Aires su 162 período de sesiones extraordinarias con una rueda de prensa en el antiguo Centro de detención de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), en el que confirmaron que visitarán a la dirigente en su celda en las próximas semanas.

La rueda de prensa fue encabezada por el presidente de la CIDH, Francisco José Eguiguren Praeli, y también participaron Paulo Abrao, Secretario ejecutivo; José de Jesús Orozco Henríquez, comisionado; Margarette May Macaulay, primera vicepresidenta; Esmeralda Arosemena de Troitiño, segunda vicepresidenta; Luis Ernesto Vargas Silva, Comisionado; Elizabeth Abi-Mershed, secretaria ejecutiva adjunta y Edison Lanza, relator especial para la libertad de expresión. En la exESMA, donde se detuvo clandestinamente y se reprimió a cientos de detenidos, funciona desde 2012 el Espacio Memoria y Derechos Humanos. Jorge Taiana, excanciller argentino, y Horacio Verbitzky, del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) también estuvieron presentes. “Más temprano que tarde la CIDH va a ir a Jujuy a visitar a Milagro Sala”, había adelantado Taiana a Radio Cooperativa días atrás.

“Recibimos una invitación formal del Estado argentino para que visitáramos a la señora Milagro Sala para fines de diciembre pero sabiendo que tendríamos este periodo de sesiones, aceptamos la visita pero consideramos que debía ser después de esta visita. Hoy podemos confirmar oficialmente que visitaremos a la señora en Jujuy. Vamos a conversar, conocer las condiciones de detención, su estado físico y emocional, el trato que recibe y todo lo vinculado a su privación de la libertad”, anunció Eguiguren Praeli.

También se condenó el uso excesivo de la fuerza durante las protestas en Brasil. “Instamos al Estado brasileño a redoblar sus esfuerzos para promover el diálogo y proteger el derecho a la manifestación pacífica”, dijo el representante para América del Sur del ACNUDH, Amerigo Incalcaterra. En el mismo contexto, se expresó la profunda preocupación por el agravamiento de la violencia en Venezuela. “Instamos de manera urgente y enfática al Estado de Venezuela a cesar el procesamiento de civiles en jurisdicción militar”, expresó el presidente y relator de la CIDH para Venezuela, el comisionado Francisco Eguiguren. El presidente también expresó que “no es acorde involucrar en tareas de control y represión a la sociedad civil de las fuerzas armadas. No están en la mejor preparación para enfrentar el control del pueblo. Ha habido resultados lamentables en ese sentido”.

https://elpais.com/internacional/2017/05/27/argentina/1495908549_406382.html