Página 12 – Una visita al centro de la memoria

Por Alejandra Dandan

Como cierre de sus sesiones extraordinarias en el país, los comisionados recorrieron el edificio de la ex ESMA donde funcionó el centro clandestino de represión. Estuvieron en los mismos espacios que otros integrantes del organismo visitaron en 1979

Cuando ya habían sido enumerados los nombres de los represores sometidos al proceso de justicia, en el antiguo Salón Dorado del centro clandestino de detención de la ESMA, hoy Museo Sitio de Memoria ESMA, el periodista y presidente del CELS, Horacio Verbitsty, habló: “Suelo decir sin quitarle mérito a Néstor Kirchner que cuando él asumió ya había entre 70 y un centenar de represores detenidos. Y eso fue producto de la lucha de la sociedad argentina impidiendo que las causas se pudieran cerrar: esto debería servir como advertencia”, dijo pegado al ministro de Justicia, Germán Garavano, y rodeado por los integrantes de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) que concluyeron con esa visita el período de 162° de audiencias extraordinarias, celebradas por primera vez en la Argentina. “Así que no lo intenten –agregó Verbitsky–, porque lo vamos a impedir”.

Al presidente de la CIDH, Francisco Eguiguren, se le habían caído unas lágrimas durante el recorrido por el Museo. Este peruano, que como relator para los casos de Argentina es el encargado del seguimiento de las denuncias presentadas contra el Estado nacional, observó la escena, como todos, en profundo silencio. Garavano decodificó las palabras. “No nos presiones o no nos amenaces, Horacio”, lanzó. “Vos viviste en un país de violencia. Cuando terminó la dictadura yo tenía 13 años, por lo tanto vivimos en un país de libertad”. Dijo “juntos”, agradeció a la CIDH su presencia en el país y habló de no retroceder. Los integrantes de la Comisión, que llegaron al país invitados por el Gobierno para paliar su imagen en medio de las denuncias del movimiento de derechos humanos por los retrocesos en las políticas públicas de memoria, verdad y justicia, y con el primer plano de la detención ilegal de la dirigente indígena Milagro Sala, escucharon.

Verbitsky intentó decir que no habló de violencia, que la “violencia en este país se acabó en 1983”. Pero Garavano siguió. Hasta que las lágrimas caían por la cara de Clara Weinstein, de Madres de Plaza de Mayo, y su voz lo dejaron con la boca cerrada.

“¡Qué difícil es esto!”, dijo Clara, parada en ese salón del antiguo centro clandestino. “Con mi hijo hablo por todos. A él lo vienen a buscar un día, pero pasó lo mismo con otros, no supimos dónde se los llevaron, ni dónde estaban, si los mataron, no tenemos los cuerpos. Y después de todo esto, y de todos estos años, de todo lo que tuvimos que pasar padres, hermanos, familiares, ¡haber tenido una marcha del 2×1! ¿Qué les puedo decir? ¡¿Tenemos que tenerlos libres y estar peleando nuevamente?!”, preguntó. Todos en silencio. Clara siguió. “Realmente tenemos un dolor tremendo. Y esperamos que se olviden totalmente de esto porque no se los vamos a permitir. Nosotras, la Madres, que estamos nada más que con un pañuelito, no se los vamos a permitir. Ni eso, ni otras cosas que tendrán pensadas.”

El recorrido se inició temprano, a las 10, en los mismos espacios, ahora atravesados por historia, por el que otros integrantes de la CIDH visitaron el centro clandestino en 1979. La ESMA fue uno de los más de 700 lugares de detención ilegal del país. Como otros, había sido totalmente alterado para que aquella inspección no pudiera compararla con las denuncias que hacían los primeros sobrevivientes. Ese paso fundamental para la historia del país pero también para la historia de la Comisión, como dijo el propio Eguiguren en estos días, se repetió en este viaje. Con ese paso, la CIDH clausuró oficialmente su visita a Argentina.

“Nosotros sabíamos y sabemos lo que aquí pasó”, dijo Eguiguren en el final. “Pero qué distinto es verlo, caminarlo. Sólo quiero decir que siempre quise visitar este lugar, que no se olvide, que nunca, nunca se repita”. En esa línea, Paulo Abrão, actual Secretario Ejecutivo del organismo, dijo: “Para la CIDH visitar la ESMA, este edificio, es también un alimento para continuar con el trabajo de construir un sentido latinoamericano por una justicia internacional que condene los crímenes de lesa humanidad y reafirme su imprescriptibilidad”.

Cuando salía del Museo, Carlos Muñoz, un sobreviviente del centro clandestino, caminó hacia el actual edificio del Archivo Nacional de la Memoria donde iba a hacerse la conferencia de prensa poco después. Había concluido la semana de audiencias, antes y durante la cual el relator para la Argentina mantuvo contacto con integrantes del movimiento de derechos humanos y todo tipo de colectivos que acercaron denuncias sobre prisiones arbitrarias, el vaciamiento de los programas de investigación sobre archivos secretos y el aliento a distintas formas de impunidad. “En todo esto flota la imagen de Milagro Sala -dijo Carlos, mientras avanzaba–: así como en 1979 venían por nosotros, hoy están volviendo en realidad por la situación de los presos.”

La visita superpoblada por altos funcionarios de la Secretaría de Derechos Humanos de Nación, encabezados por Claudio Avruj, se extendió más de una hora. Eguiguren supo estar rodeado. En ocasiones por Avruj, en otras por Garavano. Las cámaras hacían lo suyo. Al recorrido también se sumó el secretario de Derechos Humanos bonaerense, Santiago Cantón, gestor en realidad de esta visita, y Jorge Taiana, ambos presentes en calidad de ex Secretarios Ejecutivos del organismo.

“Siempre digo que somos trabajadores de la memoria y que este Museo está abierto a  todos los argentinos para que puedan venir a un espacio que es parte fundamental de la historia argentina y sienta un precedente para todos los pueblos del mundo”, dijo la directora del Museo Alejandra Naftal al recibirlos. “Este espacio que hoy es prueba en los juicios de lesa humanidad en Argentina es un lugar que denuncia que acá hubo un terrorismo de Estado, y es también una manifestación de que existe un piso de consenso social entre los argentinos. Ojalá mantengamos una política de Estado que es lo que hace a la defensa de los derechos humanos”.

El recorrido comenzó en la planta baja con una proyección de contexto histórico. Se sucedieron clips de imágenes de las políticas económicas, Martínez de Hoz, el dólar, la bicicleta financiera. Cantón tomó la palabra. “La visita fue el principio del fin de la dictadura”, explicó sobre el paso de la CIDH en 1979. Y en diálogo entre pasado y presente, dijo que la CIDH sorteó en ese momento tensiones internas en el organismo. “La visita mostró una independencia enorme de la Comisión para poder hacer los informes porque se hizo a pesar de que dos tercios de los integrantes de la OEA pertenecían a gobiernos militares. Los que estamos o pasamos por el organismo, sabemos que es una cosa difícil”. Pero el éxito, también dijo, tuvo que ver con la sociedad argentina, con “los familiares de las víctimas y de las organizaciones que se fueron formando alrededor”. “Cuando uno ve el Libro verde de la CIDH en la biblioteca, lo que encuentra es una explicación de la historia de Latinoamérica: a partir de 1973, hojas enteras de Chile y luego hojas de Argentina, cientos de líneas, más de cinco mil denuncias, cartas escritas a mano, con lo cual era imposible para la Comisión no hablar”.

Cantón leyó en voz alta una de esas cartas. Los invitados avanzaron. Alguien preguntó por un piso de madera cuarteada. Naftal dijo que hablan de las napas de agua, de un viejo edificio que se encuentra muy cerca del río. Pasaron al Hall central: el lugar del ex Casino que tal vez más habla sobre el enmascaramiento de la dictadura. Avruj observó. Garavano no había llegado. Naftal les dijo que cuando la Armada supo de la visita, hicieron las alteraciones más importantes que aún pueden verse en el edificio. “Vamos a ver varios cambios que tienen que ver con ese periodo”, explicó. Y entonces habló Muñoz. “Yo estaba acá cuando vino la Comisión –les dijo–, o mejor dicho, no estuve porque en esos días nos trasladaron a una isla del Tigre llamada El Silencio, propiedad de la Iglesia católica”.

Dos mujeres de la CIDH asintieron todo el tiempo, profundamente conmovidas. La más alta, Margarette May Macaulay vicepresidenta del organismo, oyó con traducción. La más baja, Esmeralda Arosemena de Troitiño, dijo estar conmocionada. Subieron. Recorrieron la zona de Capucha: el área de reclusión y permanencia de los detenidos. Eguiguren se paró varios minutos, en profundo silencio, a sentir las voces de los sobrevivientes en los juicios proyectadas en una pared. “Se dedicaban a patear la cabeza de los detenidos, eso era Capucha City”, decía el eco de la voz de uno de ellos, Martín Gras. Un funcionario apuró el paso. No había tiempo. Entraron al espacio de las embarazadas. Leyeron la carta de una de ellas en voz alta. Taiana comentó en uno de los pasillos que él mismo estaba entre los presos de Rawson hace 38 años para aquella visita de la CIDH, que su padre estaba detenido en Magdalena y su madre hacía la cola con otros familiares en la Avenida de Mayo. La visita siguió a las zonas de trabajo forzado. Bajó a la Casa de Chamorro. Entró al Sótano. Verbitsky habló de los vuelos de la muerte. De Adolfo Scilingo. De la confesión. “Algo parecido comienza a suceder ahora con los hijos de varios represores que se están agrupando para contar lo que sucedió con sus padres –explicó–. Hay casos conocidos y otros no conocidos aún”. Y agregó: “Están ocurriendo cosas como estas en la sociedad argentina mientras son ostensibles las actitudes para dar vuelta la página”.

Y entonces llegó el final. El Salón Dorado con una intervención que da cuenta del proceso de justicia con un juego de cuadros bajados, desde el Juicio a las Juntas hasta el presente. Taiana tradujo la metáfora de los cuadros. Cantón explicó el rol de la CIDH en el proceso de justicia al declarar violatorias a las leyes de impunidad. Habló Verbitsky. Habló Garavano. Habló Clara Weinstein. Y al final, Naftal volvió a hablar del piso de consensos de la sociedad argentina. Pronunció en voz alta “30 mil detenidos desaparecidos, presentes”.

https://www.pagina12.com.ar/40587-una-visita-al-centro-de-la-memoria

Política Argentina – Verbitsky a Garavano: “Ni se les ocurra meterse con los juicios (por delitos de lesa humanidad)”

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) cerró hoy su visita al país, con una recorrida por la ex Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), del que también participaron funcionarios y ex detenidos durante la dictadura. Durante la actividad, el periodista Horacio Verbitsky increpó al ministro de Justicia y Derechos Humanos, Germán Garavano, y advirtió: “Ni se les ocurra meterse con los juicios (por delitos de lesa humanidad)”.

Fuentes presentes durante el episodio, revelaron en exclusiva a Política Argentina, que el funcionario reaccionó ante las palabras de Verbitsky, asegurando que se sintió “amenazado” y argumentó: “Ya no es tiempo de violencia, lo digo yo que tenía 7 años cuando fue el golpe”. En la ex Esma se encontraban presentes además, referentes de diversos organismos de defensa de los Derechos Humanos que también criticaron al ministro y dispararon duramente contra el Gobierno por el repudiado fallo en favor del 2×1 a represores.

Cabe recordar que hace poco se hizo público que, tras es unánime rechazo al fallo de la Corte Suprema que benefició con el 2×1 a un genocida, el gobierno de la provincia de Buenos Aires se mostró disconforme con la norma que obliga a incorporar el término “dictadura cívico-militar” y la cifra de “30.000 desaparecidos” en actos oficiales. En esa línea, se conocío que Cambiemos evalúa cómo frizar la ley sin costo político.

http://www.politicargentina.com/notas/201705/21139-verbitsky-a-garavano-ni-se-les-ocurra-meterse-con-los-juicios-por-delitos-de-lesa-humanidad.html

Nueva Ciudad – Traducirán a siete idiomas los textos de la muestra permanente en la ex ESMA

Las traducciones incluirán el quechua y el guaraní, estarán a cargo del Centro Universitario de Idiomas (CUI) de la UBA. Más de 81 mil personas visitaron la muestra permanente de la ex ESMA desde su apertura en mayo de 2015.

El Sitio de Memoria traducirá a distintos idiomas, entre ellos guaraní y quechua, los textos de la muestra permanente del museo y las audioguías que usan los visitantes extranjeros para recorrer el espacio, de acuerdo a un convenio que concretaron ayer el Centro Universitario de Idiomas (CUI), de la Facultad de Agronomía de la UBA, con la ex  ESMA. El acuerdo implica, además, la capacitación en diferentes idiomas a guías y asistentes del museo para que puedan acompañar a los cientos de visitantes de otros países que realizan la recorrida cada mes.

“Este es un lugar que realmente tiene una dimensión internacional muy importante. Tener herramientas, como manejar muchos idiomas, significa un crecimiento y fortalecimiento de la institución”, dijo en diálogo con Página 12 la directora y curadora del museo, Alejandra Naftal. “La importancia de la traducción de los textos y las audioguías es poder darles a los extranjeros que vienen a visitar el espacio la opción de hacer el recorrido y la experiencia como ellos prefieran: solos, en grupo, con o sin guía”, agregó.

Durante la presentación de este proyecto, acompañaron a Naftal, Roberto Villarruel, director del CUI; Daniel Tarnopolsky, miembro de la Asociación Buena Memoria; y Gustavo Peters, director del Archivo Nacional de la Memoria.

“Hoy lanzamos las audioguías, una aplicación que se utiliza desde los celulares y permite que el visitante pueda recorrer la muestra acompañado de un texto explicativo en audio. También presentamos la traducción completa de la muestra permanente, en principio al inglés y ampliando a otros idiomas a futuro”, anunció la directora del museo. “Tengo el orgullo y la responsabilidad de conducir esta institución que tiene entre sus objetivos contribuir a consolidar una sociedad más justa, más democrática, más memoriosa y más verdadera”, afirmó para cerrar.

Villarruel señaló a Página 12 que “hace mucho tiempo que en el CUI hacemos homenajes y eventos relacionados a los Derechos Humanos. Además, muchas Madres de Plaza de Mayo fueron alumnas del instituto”. Desde su inicio, hace 25 años, el Centro de idiomas integra en sus clases contenidos relacionados a la historia del país y al terrorismo de Estado, con el objetivo de articular el uso de idiomas con debates sobre Derechos Humanos para estimular una postura reflexiva en los alumnos. “Buscamos que los estudiantes no sólo sepan hablar en otros idiomas, sino también opinar. De lo que se trata es de poder ampliar las palabras y las voces”, explicó.

Más de 81 mil personas visitaron el Museo Sitio de Memoria ESMA desde su apertura en mayo de 2015. Entre ellos, 15 mil fueron con sus escuelas secundarias, alrededor de 5 mil con instituciones terciarias y universitarias tanto de Argentina como de otras partes del mundo, y asistieron también miembros de 24 embajadas y consulados de diferentes países.

“Actualmente el promedio de visitantes por día es de 200 personas. Desde marzo la cantidad de gente aumentó por lo que está pasando en el país”, aseguró Naftal y señaló que “también se acercan muchísimos turistas y estudiantes que están de intercambio. La reacción de los extranjeros es similar a la de los argentinos. Acá venís a vivir una experiencia; no se transmiten conocimiento solamente, sino, principalmente, sentimientos”, añadió.

Ayer se presentó el material de la muestra permanente traducido al inglés, y el CUI se encargará de traducir los textos también al portugués, al italiano, al alemán, al francés, y a las lenguas originarias guaraní y quechua. Respecto a la inclusión de estas lenguas, Naftal indicó que “es una postura que, como todo lo que ocurre en el museo, tiene que ver con la identidad”.

http://www.nueva-ciudad.com.ar/notas/201705/32628-traduciran-a-siete-idiomas-los-textos-de-la-muestra-permanente-en-la-ex-esma.html

Página 12 – Una memoria multilingüe

El Sitio de Memoria traducirá a distintos idiomas, entre ellos guaraní y quechua, los textos de la muestra permanente del museo y las audioguías que usan los visitantes extranjeros para recorrer el espacio, de acuerdo a un convenio que concretaron ayer el Centro Universitario de Idiomas (CUI), de la Facultad de Agronomía de la UBA, con la Ex  ESMA. El acuerdo implica, además, la capacitación en diferentes idiomas a guías y asistentes del museo para que puedan acompañar a los cientos de visitantes de otros países que realizan la recorrida cada mes.

“Este es un lugar que realmente tiene una dimensión internacional muy importante. Tener herramientas, como manejar muchos idiomas, significa un crecimiento y fortalecimiento de la institución”, dijo en diálogo con PáginaI12 la directora y curadora del museo, Alejandra Naftal. “La importancia de la traducción de los textos y las audioguías es poder darles a los extranjeros que vienen a visitar el espacio la opción de hacer el recorrido y la experiencia como ellos prefieran: solos, en grupo, con o sin guía”, agregó.

“Aquí estamos en el edificio del Casino de Oficiales, donde en el pasado funcionó un Centro Clandestino de Detención, Tortura y Exterminio de la Escuela de Mecánica de la Armada, ESMA”, dice el texto que introduce al museo de Memoria, y fue leído ayer en ocho idiomas por profesores del CUI. Durante la presentación, acompañaron a Naftal, Roberto Villarruel, director del CUI; Daniel Tarnopolsky, miembro de la Asociación Buena Memoria; y Gustavo Peters, director del Archivo Nacional de la Memoria. “Hoy lanzamos las audioguías, una aplicación que se utiliza desde los celulares y permite que el visitante pueda recorrer la muestra acompañado de un texto explicativo en audio. También presentamos la traducción completa de la muestra permanente, en principio al inglés y ampliando a otros idiomas a futuro”, anunció la directora del museo. “Tengo el orgullo y la responsabilidad de conducir esta institución que tiene entre sus objetivos contribuir a consolidar una sociedad más justa, más democrática, más memoriosa y más verdadera”, afirmó para cerrar.

En conversación con este diario, Villarruel señaló que “hace mucho tiempo que en el CUI hacemos homenajes y eventos relacionados a los Derechos Humanos. Además, muchas Madres de Plaza de Mayo fueron alumnas del instituto”. Desde su inicio, hace 25 años, el Centro de idiomas integra en sus clases contenidos relacionados a la historia del país y al terrorismo de Estado, con el objetivo de articular el uso de idiomas con debates sobre Derechos Humanos para estimular una postura reflexiva en los alumnos. “Buscamos que los estudiantes no sólo sepan hablar en otros idiomas, sino también opinar. De lo que se trata es de poder ampliar las palabras y las voces”, explicó.

Más de 81 mil personas visitaron el Museo Sitio de Memoria ESMA desde su apertura en mayo de 2015. Entre ellos, 15 mil fueron con sus escuelas secundarias, alrededor de 5 mil con instituciones terciarias y universitarias tanto de Argentina como de otras partes del mundo, y asistieron también miembros de 24 embajadas y consulados de diferentes países. “Actualmente el promedio de visitantes por día es de 200 personas. Desde marzo la cantidad de gente aumentó por lo que está pasando en el país”, aseguró Naftal y señaló que “también se acercan muchísimos turistas y estudiantes que están de intercambio”. “La reacción de los extranjeros es similar a la de los argentinos. Acá venís a vivir una experiencia; no se transmiten conocimiento solamente, sino, principalmente, sentimientos”, añadió.

Si bien en el Sitio de Memoria hace tiempo tenían la idea de traducir los contenidos de la muestra a distintos idiomas, fue a partir de un encuentro casual que se impulsó el acuerdo con el CUI. “El año pasado fui a hacer la recorrida y salí llorando, muy emocionado. Ahí me puse a hablar con Alejandra (Naftal) y surgió la idea de hacer este trabajo”, recordó Villarruel. Ayer se presentó el material de la muestra permanente traducido al inglés, y el instituto se encargará de traducir los textos también al portugués, al italiano, al alemán, al francés, y a las lenguas originarias guaraní y quechua. Respecto a la inclusión de estas lenguas, Naftal indicó que “es una postura que, como todo lo que ocurre en el museo, tiene que ver con la identidad”.

https://www.pagina12.com.ar/38672-una-memoria-multilingue

Clarín – Buscan que el museo de la ex ESMA sea Patrimonio Cultural de la Humanidad


Por Marcelo D’Andrea

Luego de 2 años de trabajo con expertos, la Argentina presentó la solicitud para que el museo Sitio de Memoria, ubicado donde funcionó la Escuela de Mecánica de la Armada, sea declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Ahora la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, Ciencia y Cultura (UNESCO) define si el espacio ingresa en la lista tentativa de donde surgen los candidatos. Aún no se determinó la fecha en la que serán comunicados.

El proyecto argentino arrancó formalmente en 2015, durante el gobierno de Cristina Kirchner. Se conformó una mesa de especialistas que juntó la documentación requerida para la postulación. Y completó el proceso el embajador actual ante la entidad, Rodolfo Terragno.

“Hay información sociológica y política, entre otros aspectos, para justificar por qué creemos que el Sitio de Memoria puede ser Patrimonio de la Humanidad”, explica a Clarín Daniel Tarnopolsky, miembro de la asociación “Buena memoria” y del directorio de organismos de Derechos Humanos de la ex ESMA, donde funcionó un centro clandestino de la última dictadura.

Según Tarnopolsky, por sus características el lugar “entra en el espacio del ‘Nunca más’“, que es una de las categorías que tiene UNESCO: “Representa una acción social aberrante, un momento sociológico y político del que no hay otro igual; se detalla lo que llevó a esa tragedia y eso merece ser recordado por la humanidad”.

El organismo, con sede en París, recibió la carpeta argentina el viernes pasado. Si el museo queda en la lista tentativa, se empezará a armar un proyecto final. Puede demorar varios años.

“Es un proyecto de Estado más que de un gobierno. Esto empezó con la gestión anterior y siguió con este. Debe ser un trabajo de Nación independientemente del gobierno de turno, que sea acompañado por los diversos partidos políticos. Es una acción de país”, cierra Tarnopolsky.

En 2016 la Argentina logró que la UNESCO entregara los archivos reservados sobre la última dictadura por denuncias por desaparición de personas vinculadas a la educación, la ciencia y la cultura, además de las respuestas del gobierno militar.

Los “Nunca más”

UNESCO ya declaró Patrimonio Cultural de la Humanidad en la categoría “Nunca más” a 5 sitios:

1) el campo de concentración Auschwitz-Birkenau,

2) el Memorial de la Paz de Hiroshima (Japón),

3) Gorée (Senegal, conocida como “la isla de los esclavos”),

4) la Isla Robben (Sudáfrica, donde estuvo detenido Nelson Mandela) y

5) el Barrio del Puente Viejo en la ciudad de Mostar (Bosnia y Herzegovina, un símbolo por la coexistencia de distintas comunidades culturales, étnicas y religiosas).

“Esos lugares, al igual que la ex ESMA, son íconos del sufrimiento y resistencia de personas que atravesaron dolor, torturas y la muerte. Evidencian la capacidad de recordar: sin recuerdo no hay posibilidad efectiva de convertir la memoria en historia”, afirman desde el Espacio y Memoria de los Derechos Humanos.

Donde funcionaba el Casino de Oficiales del predio, la Armada secuestró, torturó y despareció a más de 5.000 personas entre 1976 y 1983.

https://www.clarin.com/politica/buscan-museo-ex-esma-patrimonio-cultural-humanidad_0_B1-p1-aCg.html

Infobae – Rodolfo Walsh, el escritor al que no pudieron desaparecer


Pasaron 40 años desde que Rodolfo J. Walsh puso el último punto y aparte de su vida. Si -como se supone- sus palabras finales fueron las de la Carta abierta de un escritor a la Junta Militar, entonces escribió: “(…) sin esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos difíciles”.

En cambio, si las últimas palabras estuvieron dedicadas a su cuento “Juan se iba por el río”, entonces es un misterio ya que sus familiares -y la literatura argentina- le reclaman a aquellos represores -que no sólo acabaron con su vida sino que saquearon su obra- que restituyan ése y otros textos.

En este año walshiano, en el que los mentados aniversarios redondos son por partida triple: 90 años de su nacimiento; 60 de la publicación de Operación Masacre y 40 de su asesinato, el Museo Sitio de Memoria ESMA y la Biblioteca Nacional rinden homenaje al hombre que decidió -según sus propias palabras- que de todos sus “oficios terrestres, el violento oficio de escritor era el que más me convenía”.

Walsh en la ESMA

Sólo dos personas pudieron leer “Juan se iba por el río“, el último cuento que escribió Rodolfo Walsh. Una fue Lilia Ferreyra, mujer y compañera del escritor -fallecida en 2015- que lo transcribió a máquina y el ex detenido-desaparecido Martín Gras, que aquel 25 de marzo de 1977 vio cómo ingresaban a la ESMA el cuerpo de Walsh, cosido a balazos, tras ser interceptado en las inmediaciones de las avenidas Entre Ríos y San Juan por un grupo de tareas mientras se dirigía a un buzón para depositar copias de la Carta Abierta a la Junta Militar.

“Juan Antonio lo llamó su madre. Duda era su apellido. Su mejor amigo, Ansina y su mujer, Teresa”. Lilia Ferreyra, que vivió hasta el último día su vida con Rodolfo Walsh y compartía con él la clandestinidad en una casa en San Vicente, recordaba con nitidez el comienzo del cuento y otros pasajes del relato que, una y otra vez, trató de reconstruir buceando en los intersticios de su memoria.

Cuando se cumplieron 79 años del nacimiento de Rodolfo Walsh, la periodista escribió un artículo en Página/12 titulado “Dos lectores”, donde se refirió al cuento robado y allí contó que “es la historia del argentino derrotado del siglo XIX; del último argentino antes de las grandes inmigraciones. Del hombre del pueblo que había sido llevado de guerra en guerra, de tropa en tropa; que sobrevive a su tiempo y ya viejo, recorre la memoria de su vida y de la época en que vivió. Que luchó junto con su amigo el negro Ansina en batallas que no eran las suyas, como la noche antes de Cepeda, cuando los hicieron formarse para escuchar la arenga del general Mitre, quien los exhortó a combatir por la Patria y entonces el negro lo mira a Juan y le dice: ‘En la patria de ellos, yo me cago'”.

El otro lector del último cuento de Walsh es el abogado y docente Martín Gras que en la ESMA era el “808”. A pocos días de ver el cuerpo baleado del escritor se topó, de pura casualidad, con unos papeles en un armario de la oficina del entonces oficial de inteligencia Antonio Pernías. Escondido y con miedo de que lo descubrieran, leyó tres textos y se dio cuenta inmediatamente de que pertenecían al autor de Operación Masacre.

“Tengo la impresión de que esos tres documentos que leí son uno solo. Escribió una sinfonía con tres instrumentos. Los documentos críticos son escritos desde la estructura a la que pertenecía y que estaba dejando, lo que le permite recuperar al periodista, al hombre público con la Carta, un documento de denuncia, y al escritor de ficción con ‘Juan se iba por el río'”, contó Gras a la revista Haroldo.

Lilia Ferreyra y Martín Gras se encontraron en Madrid, en 1982. Ella quería hablar con él para saber sobre las últimas horas de Rodolfo. En la mesa de un bar, en medio de la charla la compañera de Walsh le habla del material robado en la casa de San Vicente y le recita de memoria el comienzo del último cuento. Gras le dijo cómo seguía esa historia. Ella no lo podía creer. Emocionados supieron que eran -al menos dos- los que habían leído aquel relato del hombre que intentaba cruzar el río.

Con Martín Gras como único lector sobreviviente, el Sitio de la Memoria de la ESMA presenta la muestra Walsh en la Esma. Testimonios y documentos -hasta el 23 de abril- en la que se exhiben documentos, un original de la Carta Abierta a la Junta Militar, tres piezas audiovisuales basadas en testimonios de sobrevivientes de la ESMA y los manuscritos en los que Lilia Ferreyra trató de reconstruir “Juan se iba por el río”, pertenecientes al archivo de Horacio Verbitsky.

La nieta y la hija de Rodolfo Walsh aún siguen buscando los restos del escritor y reclamando ese cuento desaparecido junto a los borradores de “El 27”, “Ñancahuanzú”, “El aviador y la bomba”, una agenda, la libreta de enrolamiento, fotografías y la carta que escribió a sus amigos por la muerte de su hija María Victoria. Todo saqueado por los militares; todo menos la memoria.

Los oficios de la palabra

“La explicación de que Walsh fue un gran escritor puede llegar a confundir. Grandes escritores no pudieron superar la muerte de su prosa periodística una vez que perdieron actualidad”. Así lo definió el periodista Rogelio García Lupo en el prólogo del libro El violento oficio de escribir, dedicado a rescatar la obra periodística de Rodolfo Walsh.

Cómo será la vigencia de Walsh que, a 60 años de su publicación, Operación Masacre sigue denunciando. La Biblioteca Nacional reproduce un pequeño basural que remite al de José León Suárez donde, en 1956, fusilaron a 12 civiles de la resistencia peronista.

Desde el punto de vista estrictamente literario, la muestra bautizada Rodolfo Walsh. Los oficios de la palabra -inaugurada el martes 28 en la Sala Leopoldo Marechal- está dividida en tres partes.

En la primera se exhiben las notas de la revista Mayoría que fueron la génesis de Operación Masacre y se muestran sus cuatro ediciones (1957, 1964, 1969 y 1972).

Tal vez lo más valioso de esta parte sean las galeras de imprenta de la tercera edición, corregidas de puño y letra por Walsh y pertenecientes al archivo de Ediciones de la Flor.

En una pantalla se proyecta la película Operación Masacre -basada en el libro- que fue dirigida por Jorge Cedrón en 1972, filmada en la clandestinidad y guionada por el mismo Walsh.

En ese mismo sector se exhiben las primeras ediciones de los otros dos libros que siguen la misma línea de género de investigación: El caso Satanowsky y Quién mató a Rosendo, con una foto de Walsh explicando cómo fue el procedimiento para investigar el caso. Además es posible escuchar al escritor leyendo un capítulo de su obra.

En la segunda parte de la muestra se exponen las primeras ediciones de los libros de cuentos de Walsh, sus obras de teatro y los libros de los que fue antólogo y traductor. Para sorpresa de muchos hay libros de cocina, de moda y de salud que traducía para poder sobrevivir.

Hay un espacio dedicado a su tarea como periodista, con ejemplares de las revistas Leoplán y Panorama donde aparecen, entre otras, las crónicas del “Carnaval de Corrientes” y “La isla de los resucitados” sobre el leprosario de Cerrito, Chaco, y una nota de 1966 en la que Walsh analiza el conflicto en Palestina.

“Walsh no se limitaba a contar la noticia sino que se metía en la historia para después narrarla con precisión y una pluma exquisita. Eso lo hacía distinto del resto”, dice a Infobae el escritor e historiador Roberto Baschetti, compilador del libro Rodolfo Walsh, vivo, que puso a disposición de la Biblioteca Nacional gran parte de su colección privada para esta muestra.

En una vitrina están los libros Cuando me muera quiero que me toquen cumbia, de Cristian Alarcón y ¿Quién mató a Mariano Ferreyra?, de Diego Rojas, que transitan por el camino Walsh tanto en los modos de su investigación como en el trabajo con su escritura.

La muestra, que se puede visitar de lunes a viernes de 9 a 21 y sábados y domingos de 12 a 19 cierra con la Carta abierta de un escritor a la Junta Militar y los cables de la Agencia de Noticias Clandestina (ANCLA).

Entre los recortes de diarios exhibidos llama la atención el reclamo de intelectuales como el semiólogo Roland Barthes y el filósofo Michel Foucault que denunciaban la desaparición de Rodolfo Walsh.

En los primeros años de vida democrática a Walsh se lo ignoró y no se le perdonó su militancia en Montoneros. A fines de los 90 comenzó a ser objeto de estudio en ámbitos académicos y se tomó el Walsh completo: el militante y el escritor que conforman un solo y único Walsh: el hombre al que mataron pero nunca pudieron hacer desaparecer.

https://www.infobae.com/cultura/2017/03/31/rodolfo-walsh-el-escritor-al-que-no-pudieron-desaparecer/

El Grito del Sur – A 40 años Rodolfo sigue vivo

Horacio Verbitsky, Director del CELS, Martín Gras, ex sub Secretario de Derechos Humanos y última persona en ver el cuerpo de Rodolfo, y el periodista Marcelo Figueras homenajearon en la ESMA a Rodolfo Walsh

El pasado sábado 25 de marzo, a 40 años del asesinato y la desaparición de Rodolfo Walsh, se realizó una muestra homenaje en la Ex-Escuela Superior de Mécanica de la Armada (ESMA). La actividad fue presentada por Horacio Verbitsky, Director del CELS, Martìn Gras, ex sub Secretario de Derechos Humanos y última persona en ver el cuerpo de Rodolfo, y el periodista Marcelo Figueras. La muestra, ubicada en el Casino de Sub Oficiales, se basa en dos de los últimos textos de Walsh: la Carta Abierta a la junta militar y un último cuento escrito por Walsh, “Juan se iba por el río”, escrito al mismo tiempo que la Carta y que nunca pudo ser publicado.

Las palabras de Horacio Verbitsky dieron inicio al homenaje. Verbisty cuenta la historia en primera persona: trabajó con Rodolfo en Noticias y militó a su lado en los setenta. A su vez cuando secuestraron a Rodolfo, Lilia Ferreyra -la mujer del escritor- buscó a Horacio, tal como Rodolfo le habìa recomendado, y durante los primeros meses posteriores a su desaparición vivió en la casa del “Perro”.

Según cuenta el Editor de Página/12 la conducción de Montoneros conocía de la existencia de la Carta Abierta y de su contenido crítico. Sin embargo permitió que Rodolfo Walsh la publicara, aunque objetó el párrafo más significativo, el que habla de la miseria planificada para referirse al plan económico del gobierno militar. ”Dejar el fusil de la guerra perdida y reemplazarla por el mimeógrafo y el caño de la resistencia”, era la apuesta del periodista , que según el propio Verbitsky «no podia hacerse con formas tan rígidas y burocráticas. R desobedeció la censura y decidió publicarla completa

“La carta a la Junta adquiere hoy otro sentido, cuando estamos viendo una actitud negacionista, un intento de reescritura de la historia argentina. Quienes nos gobiernan buscan asimiliar corrientes políticas del presente con corrientes del pasado y usar a unas para estigmatizar a las otras. Plantean por enésima vez la teoría de los dos demonios y la imposible propuesta de la reconciliación. La carta de RW es una respuesta frente a esta tentativa”, agregó Verbitsky.

Verbitsky agregó que “Walsh no se sentó en su casa a esperar la muerte mirandose el precioso ombligo intelectual despues de desafiar con su carta a un gobierno sangriento, como lo pintan en una mala obra de teatro”

Luego llegó el turno de Martín Gras. Durante su cautiverio en la ESMA fue la última persona en ver el cuerpo de Rodolfo y tuvo la fortuna de ser el primer lector de las versiones secuestradas por la patota del Tigre Acosta de su «Carta a la Junta», de los documentos internos de Inteligencia de Montoneros y del cuento «Juan se iba por el río». “La carta habla de 15.000 desaparecidos en esa época, apenas a un año del golpe, hoy que justamente se pretende cuantificar a los desaparecidos”, explicó Gras.

A su vez explicó que en pleno cautiverio, el cuento fue la pieza que menos llamó su atención. Sin embargo, una vez afuera, tuvo el tiempo de reconstruirlo. “El cuento relata la historia de un gaucho, un hombre,  un criollo previo a las grandes migraciones del siglo XIX. Un hombre derrotado, un hombre que está cansado, que está parado frente al Río de la Plata. En un momento advierte que se acerca una especie de Contra Sudestada, el agua se retira y el río queda seco». Gras recuerda que el cuento describe el entierro de los restos de San Martín, un broche de oro de la generación del 80’ para apropiarse de San Martín, que es un hombre de la liberación, y convertirlo en una estatua de bronce de vitrina. Gras recuerda patente la frase del gaucho: “en la patria de estos yo me cago» y continua, «de donde se desprende que hay dos patrias, la patria que está construyendo en ese momento la oligarquía y la patria del gaucho”

“En la segunda parte del cuento, él decide cruzar a caballo ese río que se ha replegado y atraviesa de a poco las capas geológicas de la historia argentina. En un momento dado, en la mitad de ese viaje, cambia el viento y el gaucho ve que el agua vuelve; y ahí se termina el cuento. De hecho cuando yo llego hasta allí busco la página que sigue y no la encuentro». Gras comenta que años después, al reencontrarse con Lilia en Madrid, le preguntó si el cuento terminaba ahí, si acaso Juan cruzaba finalmente el río. “No sé si cruza o no cruza, lo importante es que lo intenta” .

A 40 años de su caída Rodolfo vive en cada frase de un periodista militante, que lleva en sus palabras la sanre de su lucha.

http://www.elgritodelsur.com.ar/2017/03/a-40-anos-rodolfo-sigue-vivo.html


So-compa – Sonidos de loros y de sierras

En el Sitio de la Memoria se presentó una muestra anclada en los “papeles perdidos” de Rodolfo Walsh. Esta es la crónica de un acto conmovedor, sucedido entre ruidos de loros y colectivos, atención profunda, y una rara sensación de atemporalidad, otra marca del Terrorismo de Estado.

Se puede haber visitado cincuenta veces el predio de la ex ESMA. Se puede trabajar allí en alguno de los edificios, de los institutos, de los museos, en la sede de alguno de los organismos de Derechos Humanos, o se puede haber trabajado allí un tiempo, como es el caso de este cronista. Lo cierto es que siempre alguna vez sucede. No hay acostumbramiento definitivo. Cada tanto surgen los fantasmas. Esa sensación de agobio, de tristeza, de vaga inquietud, de congoja, de sordidez. Suele ocurrir en los días de lluvia, la congoja, la inquietud, el agujero negro.

En el museo Sitio de la Memoria, el sábado por la tarde, se organizó una “visita de las cinco” a la muestra sobre Rodolfo Walsh inaugurada pocos días atrás. Horacio Verbitsky, Martín Gras –sobreviviente de la ESMA- y el periodista y escritor Marcelo Figueras hicieron de –la palabra falla- presentadores.

Fueron cientos de personas haciendo cola al aire libre para ingresar a la muestra, a cuarenta años de la desaparición de Walsh. Muy ardua la visita en el interior porque el edificio donde funciona el sitio conserva mucho de lo que fue/es: áspero, hostil, laberinto fulero, no contiene espacios amplios y sí el horror seco de Capucha y Capuchita con sus techos opresivos y ausencia de ventanas, las piezas donde tiraban a las embarazadas, las oficinas estrechas de los represores, el sótano, los lugares de tortura.

De nuevo: se puede haber ido cincuenta veces al predio de la ex ESMA y no dejar de inquietarse –con extrañamiento- por la existencia de bellos árboles añejos. Árboles que acaso comenzaron a ser plantados en 1924, durante la presidencia de Marcelo T. de Alvear, cuando el predio fue cedido por el Concejo Deliberante de la Ciudad de Buenos Aires al Ministerio de Marina, por decreto. ¿Árboles y represores? ¿Tenemos eso en común?, es la pregunta, entre abrumada y perpleja.

Cientos de personas esperan y escucharán las intervenciones en silencio religioso en lo que alguien de la organización de la muestra, a la hora de ordenar el acto, llama “jardín”. Además de los árboles y de los cientos –muchos jóvenes, personas de extracción humilde también- habrá sonido de loros cuando avancen las palabras de Verbitsky, Gras y Figueras. Loros y ruido de bondis que van por Libertador. Uno supone que a los bondis los escucharían los secuestrados, aun con capuchas puestas. O no. El 29, el 15.

Hoy me toca a mí

El que abre el acto es Horacio Verbitsky. Se lo tiene como a un tipo duro, implacable y algo de eso hay. Pero comienza su intervención diciendo esto:

-Para mí hoy es un día muy triste. Me pega más fuerte que los años anteriores, no por el número 40. Lilia (Ferreyra, última compañera de Walsh) se ponía muy mal y yo trataba de confortarla; eso desde el secuestro, cuando estuvo unos meses viviendo en mi casa, hasta su exilio.

Verbitsky, el implacable, es el que meses atrás dedicó unas palabras bellísimas, cargadas de afecto, a Laura Conte, fundadora del CELS y de Madres (otra vez) Fundadoras, cuando a iniciativa del legislador Carlos Tomada fue distinguida como personalidad destacada de la ciudad en el ámbito de los Derechos Humanos. El periodista habla de Lilia –esto lo agrega el cronista: sus últimos años, cada vez más menudita y siempre hermosa, tuvieron algo de furtivos-, habla de ella y cuenta que solía venirse abajo en los aniversarios de la muerte de Walsh. Se quiebra el implacable y agrega:

-Ahora me toca a mí.

Más o menos así sigue su tono cuando dice que Walsh tenía en vida quince años más que él, que él ahora tiene muchos años más que Walsh, quien murió a los 50. A Verbitsky le pasa lo que todos respecto de los seres queridos muertos y desaparecidos, esa cosa inconcebible del paso del tiempo, eso que también les pasó a los HIJOS cuando sobrepasaron la edad de sus padres. “Él (Walsh) tenía la edad que hoy tiene uno de mis hijos”.

Silencio en el “jardín” de la ex ESMA, salvo por los loros y los bondis, atención respetuosa, casi religiosa. Verbitsky, ya ahora cambiando a otro tono, repasa algunas cosas conocidas o no de los días finales de Walsh. Que quería escribir una novela y que “arrancaba y se trancaba”. Que pensó en construirla mediante cuentos articulados en los que Juan, el personaje del cuento “Juan que iba para el río”, fuera el protagonista e hilador. Es la parte aquella de la apuesta que se hizo Walsh de terminar a la vez la Carta Abierta y el cuento que presuntamente se perdió en la ESMA y que tuvo a Martín Gras como lector/secuestrado azaroso. Verbitsky se detiene unos minutos en diferenciar las técnicas de trabajo y los distintos objetivos de ANCLA y de la Cadena Informativa. Para simplificarlo: una herramienta para los periodistas que se atrevieran a publicar (fueron apenas un puñado, a menudo enviando la información al extranjero vía agencias), otra, la Cadena, en un lenguaje más accesible y anclada en la cultura popular. Ejemplo: el famoso “nueve de cada diez” estaba inspirado en el histórico “nueve de cada diez estrellas usan jabón Lux”, nacido en alguna agencia de publicidad estadounidense y abundantemente usado en nuestro país. Y lo mismo la palabra misma “cadena”, que en los 70 se empleaba para usos variopintos.

Luego Verbitsky dará a entender –las palabras no son suyas sino de quien transcribe- que la famosa autocrítica que aun se demanda a Montoneros (tarea imposible por otro lado pues fueron tantas las muertes y escisiones que ya para el regreso de la democracia no había una orgánica verosímil de la organización sino la sobrevivencia en modo fantoche de Mario Firmenich y pocos más) la hizo Walsh en sus documentos críticos a la conducción. Tan flojita la conducción que aceptó que Walsh –que venía pensando en dejar la organización y dedicarse a escribir- firmara como escritor su Carta Abierta. Pero pretendió la conducción censurarle el mejor párrafo, aquel que remata diciendo que no era solo la represión el peor de los infiernos desatados por la dictadura sino que “en la política económica de ese gobierno debe buscarse no solo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada”.

Apuntará después Martín Gras: “el párrafo más magnífico de la Carta Abierta”. Añadirá Verbitsky que Walsh desobedeció el intento de censura “de una conducción que creía tener el poder de hacer cumplir sus instrucciones, cuando no lo tenía”. La Carta, recordará el director del CELS, era una pieza en la estrategia de Walsh, la línea de repliegue en el seno del campo popular, no la patrulla perdida.

Vienen luego las también célebres líneas de Walsh, “las cosas que quiero”, sin puntos ni comas: “Las cosas que quiero Lilia mis hijas el trabajo oscuro que hago los compañeros el futuro los que no obedecen los que no se rinden los que piensan y forjan y planean los que actúan el análisis claro la revelación de lo escondido el método cotidiano la furia fría la alegría general que ha de venir un día la gente abrazándose la pareja en su amor la esperanza insobornable la sumersión en los otros”.

Verbitsky cierra: “La sumersión en los otros. Eso logró Rodolfo”. El aplauso dura varios minutos.

Walsh vivo, muerto, vuelto, mito

Mientras, antes o después de las intervenciones, el cronista teme lo que ya temieron –como escribió Eduardo Jozami en Página/12– Guillermo Saccomano y Ricardo Piglia, “el peligro de que la construcción del héroe Walsh transformara su figura en la de un mito escolar impidiendo valorar su importantísima obra literaria”. El cronista teme más, teme la sacralización de Walsh, su fosilización en mito intocable. Luego se dice: somos humanos, necesitamos una referencia ética que nos dé fuerza para seguir adelante.

Llega el turno de la intervención de Martín Gras y abre de este modo.

-Yo soy el que está del otro lado del espejo.

Gras es el sobreviviente de la ESMA que desde una ubicación y circunstancias imposibles reconoció el cuerpo acribillado de Walsh. Da a entender Gras que no hablará del Walsh vivo sino del Walsh muerto, desde su “lugar de residencia: último piso, Capuchita”, con idas rutinarias a la mínima oficina del represor Antonio Pernías -“estaba entre azorado y fascinado por el mundo de Montoneros”-, o la oficina estrecha de quien por entonces, como otros de los suyos, se presentaba como Dios omnipotente y hoy está condenado a perpetua. Gras no siempre encapuchado y medio asfixiado sino a menudo con los “anteojitos” (un antifaz rígido y molesto), los grilletes puestos en las piernas, aislado del mundo, impedido de percibir nada, afuera del tiempo, para eso lo desconectaban como a los demás de todo estímulo sensorial.

Sucedió el día en que a Grass lo dejaron en espera en algún lado e intuyó que algo inusual estaba sucediendo: gritos, tumulto, imprecaciones, órdenes. Alcanzó a meterse en un baño y hasta a bajarse los pantalones para mejor fingimiento. Hasta que lo sacaron a los gritos de allí y cuando lo movieron, por haberse aflojado los “anteojitos” pudo ver medio cuerpo desnudo de Walsh atravesado por ráfagas, sobre algo parecido a una camilla.

Grass pasa después a lo que llama una segunda parte de su relato. En la oficina minúscula de Pernías había un armario lleno de carpetas rústicas y de papeles. Él solía meterse, agachándose, en ese armario. ¿Por qué? “Porque era el único momento en que podía estar solo en la ESMA, en una burbuja de libertad”.

-Me encerraba yo, sí, me encerraba yo.

Fue dentro de ese armario que Martín Gras encontró en carpetas los papeles robados a Walsh: una colección del Diario de la CGT de los Argentinos, tres documentos críticos dirigidos a la conducción de Montoneros, el original de “Juan que se iba para el río”. La historia de cómo luego, en 1982, en un café de la Gran Vía de Madrid, Martín Gras se juntó con Lilia Ferreyra y cómo ambos reconstruyeron oralmente el cuento la relata muy bien Roxana Barone en la revista Haroldo: http://revistaharoldo.com.ar/nota.php?id=192. En cuanto a los “papeles perdidos” de la muestra que se puede visitar en el museo Sitio de la Memoria es más que recomendable leer otro artículo de Diego Igal publicado en Anfibia: http://www.revistaanfibia.com/cronica/todos-los-misterios-la-carta-walsh/. La muestra incluye, además de los papeles perdidos, tres piezas audiovisuales con fragmentos de testimonios brindados durante los juicios orales ante el Tribunal Oral Federal 5: la caída de Walsh, los papeles robados en la quinta de San Vicente, la reconstrucción de “Juan se iba por el río”.

Gritos de loros; bellos, tristes árboles en la ex ESMA por calles en las que caminaban los represores, emoción, atención profunda, los juegos y traiciones de la memoria, la perplejidad sobre los otros juegos que practica el tiempo en nosotros, qué nos decimos en el presente, que nos dijimos en el pasado. Ejemplo, en frase de Martín Gras:

-Yo pensaba que aquellos a los que los “trasladaban” eran los que iban a sobrevivir y que los que nos quedábamos íbamos a ser ejecutados.

Y aquí la última extrañeza de la memoria. Porque el que escribe está seguro de que fuera de la ESMA, ya a pocos meses del golpe, entre los militantes circulaba un rumor oscuro, lo mismo que le decían a Gras y demás secuestrados, que existían unas granjas de reeducación para los subversivos, en el sur, allí a donde serían trasladados, vacunación mediante para prevenir enfermedades, vacunación que era el Pentotal. Granjas de reeducación nos decíamos que se decía fuera de la ESMA, cuando ni por puta podíamos medir los estragos de la represión aunque estuviéramos hechos percha o aterrados. Y otro rumor vago: torturas practicadas con sierras eléctricas.

Sonidos de loros y de bondis, y de sierras.

https://socompa.info/cronica/sonidos-de-loros-y-de-sierras

Página 12 – “La satisfacción moral de un acto de libertad”


El 25 de marzo de 1977 la Armada Argentina asesinó y desapareció el cuerpo del escritor, periodista y militante montonero Rodolfo Jorge Walsh, que acababa de despachar su Carta Abierta a la Junta Militar. Durante la madrugada siguiente los miembros del Grupo de Tareas 3.3 allanaron su casita de San Vicente, de donde robaron archivos de prensa, documentos y cuentos inéditos, que luego fueron vistos por secuestrados en la ESMA. Ayer, al cumplirse 40 años de su muerte y en el marco de la muestra “Walsh en la ESMA”, cientos de personas, la mayoría jóvenes, escucharon sin pestañear los recuerdos de Horacio Verbitsky, amigo y compañero de militancia de Walsh, y de Martín Gras, el sobreviviente que vio su cuerpo ametrallado y los papeles que los marinos -ahora condenados y presos- nunca se dignaron a devolver. En el cierre de “La visita de las cinco”, como se denomina el recorrido del público por el Museo-Sitio de Memoria ESMA, el periodista de PáginaI12 y presidente del CELS denunció que “hay una ofensiva muy clara para tratar de detener el proceso de Memoria, Verdad y Justicia”.

“El objetivo es hacer presente a Rodolfo Walsh en toda su magnitud”, explicó Alejandra Naftal, directora del Sitio-Museo de Memoria ESMA, en referencia a la muestra que se podrá visitar hasta el 23 de abril. Entre los documentos en exposición se destaca una copia original de la Carta Abierta, que Walsh terminó de escribir horas antes de ser acribillado en la esquina de San Juan y Entre Ríos, y apuntes de Lilia Ferreyra -compañera en sus últimos diez años de vida- al intentar reconstruir el cuento “Juan se iba por el río”, sobre la vida de un soldado de las luchas civiles del siglo XIX. Hay también tres piezas audiovisuales con fragmentos de testimonios brindados durante los juicios orales ante el Tribunal Oral Federal 5: sobre la caída del escritor en manos de la patota de la Armada, sobre los papeles robados en la quinta de San Vicente y sobre la reconstrucción de “Juan se iba por el río”, cuento que Gras descubrió durante su cautiverio en el armario del entonces teniente Antonio Pernías, oficial de inteligencia de la Armada.

“Compañero, amigo y maestro”, fueron las palabras de Verbitsky para definir a Walsh durante su exposición en la puerta del ex Casino de Oficiales de la ESMA, pegado a los vidrios que cubren la fachada del ex centro clandestino con los rostros de cientos de detenidos-desaparecidos. Confesó que “el 40º aniversario me pega más fuerte” no por el número redondo sino por la ausencia de Lilia, fallecida hace dos años y a quien confortó desde aquel 25 de marzo, y que “es difícil asimilar” que Walsh -quince años mayor- murió a la edad que hoy tiene uno de sus hijos.

El periodista de PáginaI12 habló primero sobre “Juan se iba por el río”, contó que Walsh “quería escribir una novela pero empezaba y se trancaba”, por eso decidió escribir cuentos con un personaje común para después enhebrarlos. Luego repasó las experiencias de ANCLA, que definió como “una simulación de agencia noticiosa”, y Cadena Informativa, una sola hoja que relataba un episodio concreto y cerraba con la invocación a “sentir la satisfacción moral de un acto de libertad” y “derrotar el terror”. “Líneas magistrales”, las definió Verbitsky, que al investigar la historia política de la Iglesia católica descubrió que estaban inspiradas en panfletos de esa institución en su campaña contra Perón en 1954, de la que participó el hermano de Walsh, luego piloto de uno de los aviones que bombardearon Plaza de Mayo. También destacó al apelación a “elementos de la cultura popular” en referencia a la idea de cadena. “Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando”, leyó y recordó que era el eslogan de la publicidad de la época.

Al analizar la Carta Abierta, el periodista remarcó “la visión profunda sobre las consecuencias del golpe de Estado” que evidencia la definición de la política económica como “la explicación de sus crímenes” pero también de “una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada”. “Y eso que no llegó a ver las peores medidas económicas: la ley de entidades financieras se aprobó meses después”, reflexionó. La conducción de Montoneros le objetó ese párrafo pero Walsh, que firmó la carta con su nombre, no lo sacó ni lo modificó, contó Verbitsky. Cerró la primera parte de su exposición con la célebre definición de Walsh sobre cuál es “el campo del intelectual” y con una lectura de “Las cosas que quiero”, de los diarios del escritor, que arranca por “Lilia” (eliminada de una de las primeras ediciones de ese texto) y termina con “la sumersión en los otros”. “Eso logró Rodolfo”, concluyó.

“Yo estoy del otro lado del espejo”, arrancó Gras, que es abogado y docente. “Mi tarea es notoriamente más ingrata”, admitió antes de relatar su secuestro en enero de 1977. Militante montonero como Walsh y Verbitsky, contó que Pernías “estaba entre azorado y fascinado por el mundo” de esa organización, por lo que periódicamente lo citaba para entrevistarlo en su oficina del sótano de la ESMA. Fue allí que, no con capucha sino “con los anteojitos” que sólo le permitían ver algo gracias a su nariz pronunciada, fue testigo del “griterío total” de la patota que llegaba y pudo ver “el cuerpo de Rodolfo”, desnudo de la cintura para arriba, con el pecho atravesado por una ráfaga de ametralladora, sobre una camilla, rumbo a la enfermería.

Luego contó cómo se topó con los papeles robados a Walsh en el armario de Pernías y detalló lo que vio y leyó: una carpeta con recortes de noticias policiales, la colección del diario de la CGT de los Argentinos, tres documentos críticos a la conducción de Montoneros, un ejemplar de la Carta Abierta y el cuento “Juan se iba por el río”. “Fue un golpe descubrir que la crítica al militarismo había sido puesta en palabras”, contó. Confesó que los cautivos de la ESMA todavía no sabían sobre los vuelos de la muerte, que creían lo contrario: que los trasladados, en teoría a “quintas de recuperación”, eran quienes sobrevivirían, y viceversa. Luego recordó su primer encuentro con Lilia en un bar de Madrid en 1982. La compañera de Walsh, que lo había ayudado a tipear la Carta y el cuento, comenzó a recitar las primeras líneas de “Juan se iba por el río” y se asombró al ver que Gras lo recordaba. “Fue mágico: dos personas tratando de reconstruir la herencia perdida del mejor escritor de su generación”, resumió.

“Estos papeles detenidos desaparecidos son una asignatura pendiente. Me resisto a creer que quienes tuvieron ese material en sus manos lo hayan destruido”, reflexionó Verbitsky horas después, tras la intervención del escritor Marcelo Figueras, convocado como “cronista invitado” por los organizadores, y de la visita por el Museo-Sitio de Memoria. “Yo creo, y Rodolfo creía, que los papeles perduran, no se pierden, y la experiencia internacional dice que las burocracias de poder aman el archivo. Por eso tengo la esperanza de que ese material pueda recuperarse, ya que es parte significativa de la cultura de este país”, remarcó.

Al repasar los contenidos de la muestra, el presidente del CELS elogió el rigor científico que le imprimió el equipo que encabeza Naftal y celebró que “aquí no hay una visión sectaria de la historia, no se está haciendo propaganda de nada: se muestra hechos tal como ocurrieron”. Advirtió sobre “el revisionismo que se pretende instalar” y mencionó como actor central al secretario Avruj, que en los últimos días anunció la intención de revisar los planes de estudio de historia argentina sobre los 70. “Por ahora no dicen que quieren negar, dicen que quieren ‘memoria completa’, un inventó del actual papa Francisco en el año 2000”, dijo Verbitsky, y recordó que fue el entonces jefe del Ejército, Ricardo Brinzoni, quien relató los planteos sobre una “mesa de consensos” que proponía el entonces arzobispo porteño Jorge Bergoglio.

Ante la imposibilidad de frenar los procesos judiciales “lo que hacen es echar arena en los engranajes: negar presupuesto, cerrar unidades investigativas, despedir personal, no cubrir vacantes judiciales”, describió. “Es la forma de sabotear (el proceso de justicia) sin enfrentarlo abiertamente”, resumió. “Lo que han visto acá les provee de argumentos para resistir ese intento de revisionismo, esa tentativa de reprimir nuestra historia y de volver a una etapa superada por la conciencia social, por los años transcurridos, por las investigaciones y los juicios realizados, y por la participación de nuevas generaciones en el conocimiento de los hechos, la toma de conciencia y la ratificación del Nunca Más”.

https://www.pagina12.com.ar/28005-la-satisfaccion-moral-de-un-acto-de-libertad

Página 12 – Los papeles de Rodolfo Wals

A 40 años de su desaparición, el periodista y escritor Rodolfo Walsh Walsh fue homenajeado en el Museo Sitio de Memoria ESMA, el lugar donde luego de su detención ilegal fue llevado por el grupo de tareas 3.3.2 que lo asesinó el 25 de marzo de 1977. Allí se recordó que sigue pendiente la recuperación de “los papeles” que fueron secuestrados de la casa del autor de “Operación Masacre” y que consistían en varios de sus escritos literarios y periodísticos.

La denuncia sobre el esclarecimiento del crimen de Walsh y el hallazgo de sus restos había sido presentada en 1998 por la periodista Lilia Ferreyra, su última pareja. En esa demanda también se había incluido la búsqueda de la obra literaria y periodística que fue detallada por Ferreyra y que durante el homenaje en la ex ESMA leyó el también periodista y titular del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), Horacio Verbitsky.

Entre esos escritos estaba el cuento “Juan se iba por el río”, cuya edición final fue hecha casi en simultáneo con la Carta Abierta a la Junta Militar. También el cuento “El veintisiete”, y otro textos.

Durante el homenaje el abogado, docente y sobreviviente de ese centro clandestino de detención Martín Gras destacó que uno de los objetivo de la memoria es “interpelar desde el presente. Y este presente nos interpela”. Junto con él y Verbitsky, también participó de ese encuentro el periodista, escritor y guionista Marcelo Figueras.

En el Museo Sitio de la Memoria podrá visitarse hasta el 23 de abril, de martes a domingos y 10 a 17, la instalación “Walsh en la ESMA”, una exhibición de tres piezas audiovisuales basadas en testimonios de sobrevivientes del terrorismo de EStado. La exhibición reúne apuntes de Lilia Ferreyra, última compañera de Walsh, sobre el último cuento del escritor, “Juan se iba por el río”. Ferreyra y Gras fueron los únicos que habían leído ese texto que fue robado por un grupo de tareas antes de su secuestro.

El autor de “Quién mató a Rosendo” también fue recordado en la Biblioteca Nacional con la muestra “Rodolfo Walsh. Los oficios de la palabra”, que se extenderá hasta el 16 de julio. La iniciativa está dedicada al texto publicado en 1957 por la editorial Sigla con la exhibición de sus artículos en la revista Mayoría, las cuatro ediciones publicadas y archivos con correcciones de puño y letra del escritor.

También se expondrán ejemplares de “El caso Satanowsky” así como de sus primeros cuentos, piezas de teatro, su faceta de periodista y las repercusiones de su desaparición y asesinato perpetrado por la última dictadura militar.

En San Vicente, por octavo año consecutivo, organismos de derechos humanos, espacios políticos y vecinos marcharán desde la casa de Walsh hasta la estación de trenes, repitiendo el mismo recorrido que realizó el 25 de marzo de 1977 para viajar a la ciudad de Buenos Aires. La concentración será a las 17 sobre la ex calle Triunvirato (ahora Rodolfo Walsh), que linda con el predio del ferrocarril Roca en San Vicente.

Walsh fue asesinado el 25 de marzo de 1977, un día después de publicar la Carta abierta de un escritor a la Junta Militar, donde denunciaba tanto los secuestros y desapariciones de personas como las consecuencias de las políticas neoliberales aplicadas por el gobierno de facto. Fue abordado por miembros de Grupo de Tareas 3.3.2 de la ESMA en la esquina de las avenidas San Juan y Entre Ríos, que lo acribillaron cuando intentó resistirse al secuestro.

Los represores lo llevaron moribundo a ese centro clandestino que alojó a unos cinco mil detenidos, muchos de ellos arrojados en “vuelos de la muerte”. Esa madrugada una patota irrumpió también en su casa en San Vicente de donde se llevaron gran cantidad de papeles y documentación, entre ellos su último cuento de ficción, “Juan se iba por el río”, también desaparecido en la ESMA.


https://www.pagina12.com.ar/27849-los-papeles-de-rodolfo-walsh