Por Gisela Busaniche

PRIMER ACTO

Escena 1
Exterior Día

Una periodista llega a la puerta de la Ex Esma, un enorme predio con edificios que fueron parte de una historia siniestra pero que hoy son parte de la memoria, la palabra y la vida.

La periodista se dirige al lugar donde están reunidos los protagonistas de la primera Visita de las Cinco de 2018. En una habitación muy pequeña que oficia de sala de reunión están todos sentados. La directora ejecutiva del Museo Sitio de Memoria, las hermanas García, las encargadas de las visitas y los investigadores que reconstruyen la historia de los espacios más conocidos: Capucha y Capuchita.

Alejandra Naftal contextualiza lo que estamos a punto de vivir:

“Es una visita muy íntima –dice–, va a venir mucha gente, tal vez unas 400 personas. La idea es hacer una pequeña charla con la gente antes de entrar, mostrar un video y entrar al museo. Maine y Lucia son nuestras invitadas. Ellas pensaron mucho si iban a venir, por eso estoy agradecida. Así que a sentirse cómodas, dentro de lo que puedan, estamos con ustedes. Vamos a ir relatando lo que vemos… No hagamos discursos largos, hablemos poco…”.

(Maine interrumpe.)

-Es que yo soy de hablar mucho. Igual estoy nerviosa, no sé qué ni cómo me va a salir.

(Lucía agrega un comentario mientras mira a su hermana Maine.)

– Exacto. Hablamos un poquito y entramos.

(Maine)

– Y aviso que tenemos diferencias. Digo, porque no sé qué puede pasar allá.

(Acto seguido, levanta el puño)

Lucia hace la V de la victoria con las manos. Las dos ríen. Y generan que todos rían. Se distiende el momento de la Visita antes de la visita, cargada de tanta expectativa.

Aclaración para composición de personajes. Ambas hermanas tienen distintas visiones políticas, una más kirchnerista, otra más troskista, pero las dos son igual de luchadoras, apasionadas y dignas hijas de Tili, a quien en un ratito vamos a conocer.

Escena 2
Exterior Día

Puerta del Museo Esma

 Es el 25 de marzo de 2018. Hay unas 600 personas esperando realizar la Visita de las Cinco, más de lo esperado. Por primera vez después de 41 años Lucía y Maine están ahí. Firmes, en la Ex Esma, y donde contarán quién era su mamá.

Las hermanas están vestidas con una remera que está pintada. Es un dibujo que les hizo su padre, Gustavo García Cappannini. Lucia lo recuerda.

-Hoy vinimos a llenar de vida este lugar horrible y a recuperar estas historias maravillosas, esta es la de mi mamá. Y también es la de mi papá que estuvo secuestrado y desaparecido acá. Estos dibujos que tenemos nosotras en nuestras remeras son de mi papá que era artista plástico. Gustavo García Cappannini, Presente.

– Presente.

(Grita el público)

Escena 3
Exterior Día

Puerta del Museo Esma

Maine mira a su hermana, mira a la gente que llegó para acompañarlas. Saluda a una amiga de su mamá del astillero. Y cuenta quién era Tili.

– Inteligente, romántica, transgresora, pispireta, tierna, entera, noble… Noble. Nuestra mamá era Matilde, nació el 10 de agosto de 1949, era la cuarta hija de nuestros abuelos. Estudió física, no llegó a recibirse por la dictadura. Ahí se puso de novia con mi papá. Trabajaba como operadora de IBM en el astillero. El astillero Río Santiago es la fábrica con mas trabajadores desaparecidos del país. Y mi mamá es la única mujer desaparecida del Astillero.

(Hay silencio. Respeto. Todos las miran. Maine, continua el relato.)

– La ciudad de La Plata era un lugar muy salvaje. Ahí andaban a la caza de militantes, el general Camps y de incógnito y cobardemente el ex policía Miguel Etchecolatz. Matilde apenas tenia 27 años. Era muy perseguida por la dictadura y también lo había sido por la Triple A. El 31 de marzo de 1976 es despedida bajo la Ley 21.660 que usaba el gobierno de facto para despedir a trabajadores marcados. Marcados por la inteligencia que operaba bajo el Plan Cóndor, o marcados incluso por la burocracia sindical que quería perpetuarse en el poder.

Escena 4
Exterior Día

Primer plano a pantalla tamaño mediano que está en el costado de la entrada.

Todos miran la pantalla. Una nena, llamada Mora, nieta de Tili, empieza a contar en un documental quién era su abuela. Después aparecen imágenes del Jardín del Astillero que lleva el nombre de Tili.

Maine recuerda el momento:

– El 10 de marzo de 2015, al jardín del astillero se le puso el nombre de nuestra mamá y fue votado por una asamblea de tres mil personas. Ese es uno de los homenajes más hermosos que pueden existir para mi vieja. Cuando dimensionamos la belleza de esas vidas, la poesía de estas vidas, el compromiso, la generosidad del amor, es todavía mas terrible lo que pasó acá adentro. Entonces, hay que afrontarlo entre todas y todos. Y me parece que si algún sentido tuvo toda esa lucha es que hoy estamos acá, viendo que mi hija Mora, se pregunte por su abuela y se conecte sin haberla conocido. Y sigamos apostando por lo colectivo, por nuestros derechos y por la política como forma de transformar las cosas… pero no era esto lo que quería decir…

(Todos ríen y acompañan a Lucia, que continúa.)

– Siempre me digo a mi misma que los desaparecidos no deberían ser solamente un numero. Son treinta mil y ese número es innegociable, pero que no sean solamente un numero. Que nos banquemos y que nos permitamos encontrar estas historias particulares, que se cuenten las historias singulares porque me parece que así se potencia la historia política.

Escena 5
Exterior Día

Plano general

Al lado de las hermanas está la investigadora del Conicet Victoria Basualdo. Ella es historiadora y se especializó en el estudio del plan de desaparición de delegados y trabajadores de base durante la última dictadura militar. Basualdo toma el micrófono y cuenta su rol en esta Visita.

– En mi caso, el objetivo es poder cruzar la lucha enorme que llevaron adelante estas dos mujeres, para esclarecer la desaparición de sus padres. La historia de Tili era una historia silenciada, se trata de una obrera, mujer, delegada sindical, judía, y desaparecida. Estamos acá para acompañar, tratando de incluir algunos de los aportes que se realizaron a lo largo de estos años con investigaciones históricas que revalorizan el rol de muchas mujeres como Tili, que era luchadora pero que en muchos casos fueron invisibilizadas.

Escena 6

Exterior Día… Ya casi noche.

Continua el acto… Mientras choca el ultimo rayo de sol sobre parte de la fachada del ex Centro Clandestino de Detención.

Lucia, emocionada, dice:

– Hoy vamos a hablar de Tili, de mi mamá Matilde Itzigsohn, mi mamá… pero vamos a hablar de las mujeres que lucharon en ese momento. Vamos a hablar de los jóvenes de clase media universitarios que elegían ir a vivir a las zonas de laburantes. En este caso, a trabajar en Ensenada, a vivir con la gente, compartir anhelos, sueños, proyectos. Si de acá nos vamos con algo de todo esto en nuestras cabezas y nuestros corazones va a querer decir que valió la pena, ¿no?

CORTE

Clip de imágenes de obreros de los años 70 trabajando en las fabricas. Construyendo autos. Construyendo heladeras. Imágenes que se funden de marchas, de represión militar. De corridas. Imágenes de madres con pañuelos blancos gritando dónde están sus hijos. Imágenes de jóvenes siendo detenidos. Imágenes del terror. Del terror. Del terror.

 SEGUNDO ACTO 

Escena 1
Interior ESMA

Sala Museo

 Mientras las cientos de personas entran, uno de los visitantes hace una pregunta a Lucía, una de las hijas de Tili.

– ¿Y que más se sabe de ellos? ¿Estuvieron acá?

– Estuvieron acá, los vieron acá y suponemos que fueron víctimas de los vuelos de la muerte.

(Responde ella y sigue)

– Mi papá fue secuestrado el 14 de octubre de 1976. Había ido a La Plata a visitar a mi abuela. Nosotros vivíamos en Bernal. Mi papá ya estaba en la clandestinidad. En la organización Montoneros realizaba la tarea de Documentación falsa. Es que tenía habilidades para el dibujo… Y bueno, era parte de un equipo de seguridad y lo secuestraron el 14 de octubre, a partir de una delación de Miguel Angel Lauletta… Cuando Lauleta lo “canta”, mi padre es traído a este Centro Clandestino, a la Esma.

– ¿Y con Matilde qué pasó?

– Mi mamá siguió en contacto con alguien que le iba contando sobre mi papá. En realidad, seguro era una estrategia para tenerla controlada y vigilada para secuestrarla. Seguramente a mi papá le sacaron cosas en la tortura. Mi vieja es secuestrada el 16 de marzo de 1977. Fue por Almagro, Avenida Díaz Velez al 3900, cerca de donde vivía mi abuela. Nosotras estábamos al cuidado de mi abuela paterna. Por los juicios de lesa humanidad de estos años nos fuimos enterando que los dos estuvieron en este lugar.

Escena 2
Interior
Galería. La cámara muestra primero el playón de estacionamiento del antiguo centro clandestino, y luego baja unas pocas escaleras.

Es un lugar de cemento, con columnas. Es reconocido como El Sótano, adonde entraban los detenidos que eran llevados a la ESMA escondidos en autos.

Los visitantes entran a ese lugar del horror y a muchos se le pone la piel de gallina. Se siente el miedo. Se huele el terror.

Alejandra Naftal cuenta el tiempo que le costó a Maine entrar a ese lugar.

– Maine no conocía la ESMA y pensaba no conocerla. Se cuestionó el hecho de venir en esta ocasión, de tener que estar en el homenaje a su mamá. Pero lo decidió, se animó y la visitó junto a nosotros unos días antes. Hoy lo hace con todos ustedes.

Maine la mira, le sonríe, baja la cabeza, camina… Comienza a salir del lugar, a subir nuevamente las escaleras. Y luego otras. Va hacia Capucha. Se acerca a una de las guías. Y le hace una pregunta.

– La otra vez no lo pregunte, pero quiero hacer la pregunta. La tortura, ¿era ni bien llegaban al Sótano? ¿O era después? ¿Los traían para acá, a Capucha, y después de vuelta al Sótano para los vuelos de la muerte? Pero, por lo general, acá no se torturaba, ¿¿no?? … Aunque todo era una tortura.

-Buena pregunta –responde la guía–. No se torturaba en Capucha, pero sí en Capuchita. Los detenidos desaparecidos que venían del centro clandestino El Atlético o llegaron de otros lados también, seguro pasaron por acá. Además, Capuchita funcionaba como celda de aislamiento. No tenía camarotes. Y tenía en el mismo lugar, dos salas de tortura.

– A mi mamá, se sabe, la secuestra una patota de acá. Y la ven en enfermería… eso es lo que se sabe…

Silencio. El aire del lugar pesa. Es denso. Todos caminan, despacio, sin entender cómo la dictadura pudo actuar con tanto salvajismo y a la misma vez, con tanta precisión.

Escena 3

Interior

Entrada a Capucha

 

Las preguntas de las hermanas continúan. Es el momento de conocer más la verdad.

-Y, ¿todos los detenidos desaparecidos pasaban por acá?

– Sí, por lo general, estaban los secuestrados sobre colchonetas con divisiones de madera, mas o menos de un metro de alto, separando a un secuestrado del otro.

– Y vieron que acá hay paredes. Eso que dijiste de la madera, ¿era sólo acá?

– Hay más divisiones en otros sectores. Eran usadas para tener aislados a los secuestrados.

– Antes yo pensaba que siempre estaban en el piso…

– Si, era lo que ellos denominaban cuchas, en el piso. Engrillados de manos y pies, encapuchados y permanecían durante todo el día sin hablar entre ellos. Los guardias pasaban por el medio, si alguien tenia que ir al baño, venía algún guardia con un balde… Todas las humillaciones posibles.

– Y esas maderas son las divisiones entre los detenidos…

– Sí… esa era una práctica que tomaron de la Escuela de las Américas. Esto de tener al secuestrado aislado, quebrado y era para evitar todo tipo de contacto entre ellos… Y así y todo, hubo grandes ejemplos de resistencia para intentar dialogar y estar unidos.

TERCER ACTO

Escena Final

Interior

Salón Dorado.

 Los invitados van acomodándose en la última sala. Es mas grande. Se acerca el final. Se sientan. Alrededor, sobre las paredes, una proyección recuerda los juicios que continúan haciéndose a los militares responsables de lo que ocurrió en este lugar.

Las hermanas ocupan dos sillas. Al lado se sienta un abogado. Se llama Pablo Llonto. Las conoce. Y conoce a su madre. Llonto habla.

– Esta visita nos enseña mucho sobre el rol que ejercieron las compañeras, corre el velo a esta historia sindical llena de machos.

Entre la gente también está la mujer a la que las hermanas saludaron al comienzo con un abrazo. Ahora todos sabemos por qué la abrazaron así. Se llama Ana María Nievas, era la amiga de Tili. Y recuerda:

– Astilleros Río Santiago tiene una historia de lucha. Las compañeras hablaban de feminismo. En ese momento, hablábamos de feminismo. Queríamos cambiar las cosas. Éramos 120 mujeres y no era fácil moverse. Pero participábamos, dábamos nuestra visión y éramos delegadas.

Hay aplausos. Hay emoción. Hay sentimientos encontrados. Sabor a la injusticia de aquellos años de terror, pero también a la justicia de recordarlas y que existan los juicios que juzguen a los genocidas.

Las hermanas García son un ejemplo de lucha. Están sentadas frente a quienes las acompañaron en ese fuerte recorrido. Se miran. Lucia toma una libreta. Y cuenta que va a leer un párrafo con el que comienza el cuaderno, un texto que escribió Tili durante los últimos meses de vida.

– Es un párrafo con el que mi mama inicia una libreta, algo que escribe en esos últimos meses, cuando ya había desaparecido mi papa. Y ella lo titula: Relatos para después del triunfo. Y dice así:

Es mi intención en este intento

Dejar reflejado para los que vengan después

Algunas de las cosas que vivíamos en este tiempo tan difícil

Tan lleno de dolor y de esperanza

Tan dirigido justamente a los que vengan después.

Un aplauso sacude la Ex Esma. Ese espacio de terror se llena de amor por un segundo. Y de esperanza, la misma que tenia Tili cuando militaba y escribió ese mensaje. El aplauso sigue. No frena. Es para Tili, para Gustavo. Para los desaparecidos, y para los familiares de esos desaparecidos. Es un aplauso para los que mantienen la memoria y luchan en el presente. Es para Lucia y es para Maine.

Alguien grita:

-Treinta mil detenidas y detenidos desaparecidos. Presentes.

-¡Presentes!

Nota de la autora: Como periodista me costó mucho, muchísimo, animarme a escribir este texto. Tardé meses. Eran sentimientos encontrados. La sensación de incapacidad para trasmitir lo fuerte que fue esa visita y todo lo vivido. La responsabilidad hacia esas hermanas maravillosas. Y además, los sentimientos propios de tristeza por recordar lo que deben haber pasados mis dos tías desaparecidas, de las cuales no sabemos nada. Así que gracias a Alejandra Naftal por la paciencia y a Alejandra Dandan por estar ahí acompañando en el proceso.