Pequeño ejercicio gramatical sobre la memoria

Por Eric Domergue

Memoria no es un verbo. Ni un adjetivo ni un adverbio.
Memoria es un sustantivo.
Un sustantivo que conjuga con “Nunca Más”.
Con “No a la impunidad”.
Con “No olvidar”.
Con “Juicio y castigo”.
Y que renueva a diario aquellos gritos que no lograron apagar, que siguen cortando el silencio, que atraviesan las generaciones.
La memoria es femenina, es Madre y es Abuela, es pañuelo blanco, es ese andar incansable.
La Memoria es compañera.
La ESMA es Memoria de Memorias.
Es el infierno convertido en Sitio de Memoria.
Es muerte devenida en vida, con sus sótanos y pasillos habitados por 5.000 almas en pena que siguen diciéndonos sus verdades, clamando justicia.
Memoria es torcerle el brazo a la peste y sumar en una misma visita –virtual, pero visita al fin– a un puñado de relatores para recordarle al mundo que sobrevivientes de la ESMA no bajaron los brazos y consiguieron que, el 30 de abril del 2020, el gobierno francés le retirara la Orden del Mérito otorgada a un represor de nombre Ricardo y de apellido Cavallo.
Ricardo Cavallo.
Capitán de corbeta. Alias Sérpico. Alias Marcelo. Alias Miguel Ángel.
Soldado del Grupo de tareas 3.3.2 en el campo de tortura y exterminio de la Escuela de Mecánica de la Armada.
Agregado militar en la Embajada Argentina en Francia, de nada le sirvió esconderse en México: en tierras aztecas fue reconocido como represor impune, como torturador, como asesino, extraditado a España y juzgado por el juez Baltazar Garzón.
La Directora del Museo Sitio de Memoria ESMA, Alejandra Naftal, supo encontrar las palabras justa para abrir la visita. Convocó a demostrar “que la lucha por la memoria, la verdad y la justicia es una construcción colectiva. Memoria es presente”, resumió el pensamiento de todas y de todos.
Para Horacio Pietragalla, Secretario de Derechos Humanos de Argentina, “Cavallo es un símbolo de lo que significaron los años de impunidad, la complicidad civil con la dictadura, pero también la solidaridad entre países para poder llevar adelante la búsqueda de la justicia universal”. Secuestrado con cinco meses de vida, nieto recuperado, Pietragalla recordó que “el juzgamiento a los genocidas después de más de 30 años de impunidad es un proceso único, histórico, que alcanzó todos los rangos militares, pero también la responsabilidad civil y eclesiástica con esa dictadura”.
La Embajadora de Francia en Argentina, Claudia Scherer-Effosse, puso el acento en que la ESMA “se ha convertido en un lugar central de memoria… En particular esta visita nos hace recordar la memoria de Alice Domon y de Léonie Duquet, las religiosas francesas víctimas de Alfredo Astiz y de Ricardo Cavallo” en aquel diciembre del 77. Y explicó los pasos seguido por su gobierno para que, el 30 de abril del 2020, “el presidente de la República Francesa Emmanuel Macron firmara un decreto por el cual retiró la Orden Nacional del Mérito al represor Ricardo Cavallo por falta grave al honor”.
Sébastien Touzé, Director de la Fundación René Cassin – Instituto Internacional de Derechos Humanos, Miembro del Comité contra la Tortura de las Naciones Unidas, agregó que “este lugar que ha sido teatro de las peores exacciones y de los más terribles crímenes, es hoy un alto lugar de la memoria nacional, pero también un emblema para todos los defensores de los derechos humanos… Es imperativo saber lo que ha sido para comprender lo que es y lo que será, aprender las lecciones de la historia para construir los derechos humanos, asumir la responsabilidad del pasado para ofrecer a miles de víctimas el derecho a saber, comprender, hablar y así reconstruir sus vidas”.
Sophie Thonon, abogada francesa de larga trayectoria en la defensa de víctimas de la dictadura argentina de 1976 a 1983, tuvo activa participación en seguir de cerca los pasos de Ricardo Cavallo y desarmar sus mentiras con las que logró por años escapar a la justicia. Y ponderó: “No hay que olvidarse nunca que Argentina con Grecia son los dos casos más conocidos de países que justo después de su dictadura hacen lo necesario para enjuiciar a sus juntas militares en tribunales nacionales, sobre la base de su ley nacional y con jueces nacionales.”
Juan Gasparini, sobreviviente de la ESMA, es memoria viva. Fue el primero en denunciar la participación de Cavallo en la ESMA, señalar que había sido distinguido con la Orden Nacional del Mérito con el grado de oficial e iniciar una campaña para que la medalla le sea quitada. Hasta lograrlo. Concluyó su testimonio pidiendo, una vez más: “Verdad, justicia, reparación, garantías de no repetición y memorialización. Esto no se tiene que olvidar”.
Miguel Rep no necesitó de palabras, le alcanzaron sus trazos firmes para dibujar como nadie el rostro de la ignominia, las rejas de la justicia, las mil caras de la memoria.

Memoria es haber arrancado la medalla al Mérito de pecho tan indigno.
Memoria fue, es y seguirá siendo “No Olvidar”.
No olvidar a las víctimas.
No olvidar a los victimarios.
Y que, como Cavallo, pasen sus días y sus noches en prisión.
Memoria –quedó dicho– es mucho más que un sustantivo.
Se conjuga con quienes, en el Sitio de Memoria ESMA y en cada rincón del país, multiplican las voces de los que ya no están.
Pero que perduran en la memoria.
Y en la lucha.

(En Memoria de Víctor Basterra)