Página 12 – Ejemplo de dignidad y solidaridad

Las palabras de un poema restituyen la presencia de una voz para cauterizar esa herida imposible que implica la desaparición forzada en la memoria del cuerpo social. “¡Pablo, nunca fuiste ausencia!/ Después de que tus huellas desaparecieron/ en las arenas movedizas de la dictadura/ te vemos aparecer en el fuego,/ vos, Pablo, con ojos sonrientes/ cruzando nuestros caminos/ por encima de las luchas encendidas de los pobres”. Estos versos fueron escritos por Patricio Rice (1945-2010) para recordar al sacerdote Pablo María Gazzarri, detenido desaparecido por la dictadura cívico militar el 27 de noviembre de 1976, a los 32 años, cuando fue secuestrado por un grupo de tareas de la Escuela de Mecánica de la Armada. Fátima Cabrera, amiga de Gazzarri y compañera de Rice, leerá hoy a las 17 el poema completo en el marco de la Visita de las Cinco, una performance guiada que se realiza el último sábado de cada mes en el Sitio de Memoria ESMA (Avenida del Libertador 8151), con entrada libre y gratuita. También estará presente el padre Francisco “Paco” Olveira, párroco de la Isla Maciel. El cronista en esta ocasión será Sebastián Hacher, periodista y autor de Sangre salada y Cómo enterrar a un padre desaparecido.

“Pablo es uno de nuestros mártires que nos sigue marcando el camino”, dice Cabrera, una de las coordinadoras de la Tecnicatura de Música Popular que llevan adelante las Madres Línea Fundadora en el Espacio Memoria y Derechos Humanos. Gazzarri, que era sacerdote en la parroquia Nuestra Señora del Carmen en el barrio de Villa Urquiza, había iniciado su militancia y acción pastoral en la villa de la Isla Maciel. En el 76 se incorporó a la Fraternidad Hermanitos del Evangelio (Carlos De Foucauld), integrada por un puñado de sacerdotes que vivían en lugares humildes, y muchos trabajaban como obreros y artesanos. Participó además del Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo, de Descamisados y de Cristianos por la Liberación. “La última vez que lo vi creo que fue en julio del 76, o tal vez un poco antes –recuerda Cabrera a PáginaI12–. En donde nosotros estábamos, en Soldati y el Bajo Flores, se produjo el secuestro de varios catequistas y un grupo de jóvenes junto con el padre Yorio. Ya se sentía la persecución y tiraban cuerpos asesinados por la zona. Yo fui secuestrada el 11 de octubre del 76 junto con Patricio Rice; entonces era catequista y militante de la zona. Cuando nos secuestraron, pensamos que nos llevaban a la comisaría, que se fijaban en los antecedentes y al ser Patricio sacerdote nos dejaban en libertad. Nunca pudimos imaginar todo el horror que viviríamos después. Nos llevaron a Garage Azopardo y finalmente a Coordinación Federal”.

Cabrera advierte que el primer testimonio que tuvieron acerca del paso de Gazzarri por la ESMA fue cuando el exmilitar Adolfo Scilingo dijo que una de las personas que fueron lanzadas al mar en un “vuelo de la muerte” era un sacerdote. Según el testimonio de uno de los sobrevivientes, Gazzarri habría sido arrojado desde un avión en enero de 1977. “Para la Navidad del ‘76, mientras a un grupo de prisioneros nos atormentaba un capellán de la Armada sobre la necesidad de arrepentirnos y apoyar la cruzada contra el comunismo internacional, Pablo daba ánimo a los torturados para resistir y seguir luchando por los más pobres y humildes. Lo recuerdo tirado en el piso de la celda, arriesgándose a hablar con quien tenía a su lado o incluso intercediendo ante la guardia para que le dieran agua o comida a alguno que no tenía voz o voluntad para pedirla. Una noche o un día cualquiera se lo llevaron y no lo vi ni sentí su presencia física nunca más. Me quedó sólo un ejemplo de dignidad y solidaridad, que alimenta hoy la esperanza por seguir resistiendo hasta que otro mundo sea posible”, revela Raúl Cubas, sobreviviente de la ESMA.

“Todos creíamos en cierta legalidad, que es lo que les pasó a muchos familiares y a las Madres”, explica Cabrera. “Apenas nos secuestraron, con Patricio nos quedamos esperando a que averiguaran nuestros antecedentes. Cuando nos llevaron a Azopardo, empezaron las torturas y ahí nos dimos cuenta de que era un infierno y que eran dueños de nuestras vidas. Ahí fue realmente cuando tomamos conciencia. Yo era muy jovencita en ese momento, tenía 18 años”. La amiga de Gazzarri, con la voz flameando como una bandera emocionada, reconoce que la desaparición forzada de Santiago Maldonado volvió a revivir otra vez algo que creyó que “nunca más iba a suceder”. “La lucha por la Memoria, la Verdad y la Justicia siempre va a ser muy intensa y es algo que pasa por nuestras vidas, por nuestros hijos, por las generaciones que vienen. Somos los testigos directos incluso de aquellos que no pudieron hablar. Los sobrevivientes tenemos esa gran carga de ser los testigos de ese lugar de horror y de muerte”, plantea Cabrera y concluye citando otro verso el poema que leerá: “Tu sonrisa de Jesús es un faro/ para el revoleo tormentoso del tiempo”.

 

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Infobae – Cinco nietos volvieron a la ex Esma

Por Analía Argento

Guillermo Pérez Roisinblit, Alejandro Salvador Fontana, Sebastián Rosenfeld Marcuzzo, Jorge Castro Rubel y Juan Cabandié Alfonsín forman una ronda en el patio del Casino de Oficiales, justo sobre el sótano de la ex ESMA donde funcionaban las celdas de tortura. Se les suma el mellizo Gonzalo Reggiardo Tolosa que no nació en ese centro clandestino de detención sino en La Cacha, una cárcel bonaerense. Está aquí “porque los considero mis hermanos”, explica con una voz apagada pero convencido de lo que está diciendo.

Los seis charlan solos un rato. Alguno fuma. Los organizadores de la visita los miran de lejos. Ninguno sonríe. Agachan sus torsos apenas un poco hacia adelante, se tocan sus cabezas mientras se unen con sus brazos en ronda y algo se dicen que sólo ellos escuchan. Parece que están por salir a jugar en equipo. Después se ponen en pose para una selfie. Uno levanta el brazo con el celular en la mano, miran hacia arriba, están abrazados y ahora sí sonríen.

Entonces se dan vuelta hacia la puerta y empiezan a caminar. Parecen listos, dispuestos o resignados.

Un rato antes, mientras tomaban café, avisaron que les sucede lo mismo en cada visita: no quieren estar ahí y al mismo tiempo necesitan estar ahí.

Frente al ingreso al Museo Sitio de Memoria, 200 personas esperan para verlos. Es sábado a la tarde, el último del mes de octubre del 2017. Son los protagonistas de “La visita de las Cinco”, un ciclo que se repite con invitados “especiales” y que en esta ocasión los juntó por primera vez en ese lugar para homenajear a las Abuelas de Plaza de Mayo en el 40° aniversario de su creación.

La directora del Sitio, Alejandra Naftal, se para a la izquierda del público con el micrófono en la mano derecha y un paquete de pañuelos descartables en la otra mano. En el otro extremo se para Julián, el guía, y la cronista invitada que esto escribe para un libro escrito por distintos escritores y periodistas. En el medio queda un espacio vacío.

Durante unos minutos nadie habla. Todos miran hacia la puerta vidriada central por donde se los ve aparecer a los seis: Guillermo, Alejandro, Sebastián, Jorge, Juan y Gonzalo caminan juntos, despacio. También ellos van callados.

A través de la puerta y paredes de vidrio cubiertas con imágenes de detenidos desparecidos se asoman los seis. Guillermo y Alejandro son corpulentos, bastante altos y ya cargan con algo de panza. Gonzalo perdió bastante pelo. Juan adelgazó. Jorge tiene alguna cana. También Sebastián.  Cinco de los seis salieron cuando eran bebés, horas o en algún caso días después de haber nacido en el sótano o en el altillo de este lugar.

A ninguno le gusta volver. Ni al hijo de Patricia Roisinblit que cruza sus brazos delante de su cuerpo. Ni al hijo de Liliana Fontana que se mete las manos en los bolsillos. Ni al hijo de Elizabeth Patricia Marcuzzo que mira el piso y apenas levanta los ojos para ver el video que narra parte de lo que fue el plan sistemático de robo de bebés. Ni al hijo de Ana Rubel que une sus manos detrás de su espalda. Ni al hijo de Alicia Alfonsín que durante toda la semana dudó entre ir y no ir porque después la tristeza le dura por lo menos toda la semana siguiente.

Naftal cuenta la historia breve de los cinco que nacieron en el casino de oficiales de la ex ESMA. La hoja tiembla en su mano y Naftal admite que por primera vez no puede hablar sin leer. Se le quiebra la voz cuando nombra a la mamá de Juan, ahora diputado nacional del Frente para la Victoria, conocida durante su cautiverio como “Bebé”. Guillermo Pérez Roisinblit, que recuperó su identidad en el año 2004, la abraza fuerte, le sostiene las hojas mientras ella lee que su madre lo llamó Rodolfo. Cuenta también que Pedro Alejandro se enteró unos meses atrás, por la declaración de una sobreviviente en el juicio ESMA I, que también él nació acá. “Va a ser mi primera recorrida”, confiesa Salvador Fontana que hace años se negó al examen de ADN pero que avisa que después de la visita se irá a la casa de su abuela que cumple años. Lo aplauden fuerte.

Guillermo es el nieto de la vicepresidenta de Abuelas, Rosa Roisinblit, y  hace pocos días pidió que no se otorgue a su apropiador el beneficio de la prisión domiciliaria porque tiene miedo. Esa tarde de octubre del 2017 en la ex ESMA no tenía miedo pero tampoco se lo veía feliz a pesar de afirmar que su vida sigue y que conformó una familia y avanza con sus estudios universitarios. Recuerda haber estado aquí “más veces de las que me hubiera gustado venir”. Pero vuelve.

Jorge está aquí por tercera vez: “Es muy difícil pero estoy convencido de que había que estar”, dice y agrega que es “un homenaje a nuestras madres que resistieron y nos sostuvieron en su vientre”. También conoció en el 2004 su verdadera identidad.

Juan Cabandié se siente como frente a un paredón y así lo describe. Está serio cuando revela lo que le pasa: “Vale la pena el esfuerzo si sirve para que otro joven, hombre o mujer, pueda recuperar su identidad y para concientizar, para hacer el ejercicio de replicar lo que pasó en un marco en el que se conjuga la desmemoria, la indiferencia o el negacionismo que es peor”.

Gonzalo, que acaba de abrazarse a Juan, recuerda que se conocieron de chicos y que compartían con su mellizo Matías y con Juan fiestas de cumpleaños “sin saber cada uno quiénes éramos verdaderamente”. No relata detalles pero los apropiadores de ambos, Luis Falco y Samuel Miara, eran compañeros en la Policía y compartían con los chicos el club y eventos ‘familiares’. Ambos fueron condenados por apropiación, entre otros delitos de lesa humanidad que en el caso de Miara probó la Justicia.

“A nuestros padres los secuestraron sin juicio, sin causa, los hicieron desaparecer. Muchos responsables hoy están en libertad, sin juicio ni prisión preventiva, hoy que se habla tanto de Justicia y mientras se aceleran procesos para otras personas”, cuestiona Sebastián y en palabras que todos repetirán en el transcurso de la visita señala que “eso no es algo que ya nos pasó, nos sigue pasando y hasta hace dos días le pasaba a la nieta 125 que acaba de recuperar Abuelas. Todavía hay personas que no saben qué pasó ni que han sido robadas”, recuerda en referencia al anuncio que acaba de hacer la institución.

La visita al interior del edificio arranca como es habitual con un video proyectado sobre las paredes de la primera sala. Entre mucho material de archivo aparecen Ramón Camps, Jorge Rafael Videla, José Alfredo Martínez de Hoz. Se ve y se oye al almirante Emilio Massera, jefe de la Armada, bajo cuya órbita se encontraba el centro clandestino ESMA: “Aquí luchan los que están a favor de la muerte y los que estamos a favor de la vida” se oye implacable la voz del almirante que murió sin ser juzgado en la causa por el Plan Sistemático de Robo de Bebés porque su mente ya no comprendía y fue declarado inimputable.

El recorrido continúa luego hacia el tercer piso, adonde se accede por una escalera. Guillermo Pérez Roisinblit hace algunas preguntas sobre la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en 1979. Las responde “Mantecol”, sobreviviente del sitio que está mezclado entre el público. Cuenta cómo taparon el ascensor, cómo los trasladaron encapuchados a una isla del Tigre.  Guillermo pide a los visitantes que miren las marcas que sobre los escalones dejaron los grilletes que tenían los detenidos desaparecidos en los tobillos. “Estén atentos a ese detalle” propone y agrega: “Gracias”.

En el sector llamado Capucha cada cual hará su propio recorrido. En la pieza de las embarazadas está la réplica de la carta que escribió la mamá de Sebastián, parecida a la de muchas secuestradas que dieron a luz y a las que prometían entregar a sus niños a la familia de sangre. La carta de la mamá de Sebastián fue la única que llegó, con el niño, a su abuela materna. Incluso hay una réplica de un pañuelo sobre el que Elizabeth escribió un poema en letras mayúsculas: “Se le hinchan los pies el cuarto mes le pesa en el vientre a esa muchacha en flor por la que anduvo el amor regalando simiente…”.

Desde sus doce años Sebastián tiene ese pañuelo. Su mamá se lo entregó en un baño del centro clandestino a Graciela Daleo cuando intuyó que sería llevada al llamado “destino final”. Daleo sobrevivió, recuperó su libertad y buscó al hijo de Elizabeth y le dio el pañuelo.

En el pasillo, parado en la puerta de la pieza de enfrente está Juan Cabandié. “Mantecol” se acerca y le cuenta: “Vos llorabas mucho, los compañeros decían ¡cómo llora!”. “¿Me escuchaban llorar?” pregunta Juan en voz baja y él le dice que sí. “¿Me viste ahí?”, repregunta y se sorprende Juan y “Mantecol” le repite que sí y que siempre había querido contarle. Juan lo mira a los ojos y se anima: “¿Sabés si yo tomaba la teta?”. “Mantecol” se incomoda, hace un gesto con los hombros y se excusa, no sabe, contesta con pena.

Dos metros más allá Guillermo parece un guía experimentado. Se para frente al dintel de una puerta y muestra el espacio minúsculo bajo un techo en diagonal. En la parte más alta apenas cabe una persona de pie y en la más baja sólo cabe una persona en cuclillas o acostada. “Este es el lugar que más me conecta con mi historia y mi mamá” relata mientras invita a mirar el cuartito que por el excesivo calor a veces dejaban abierto permitiendo que los detenidos a los que mandaban a trabajar a la llamada pecera (a unos 20 pasos de allí) vieran a su madre. Algunos la vieron embarazada y otros  durante tres días, entre el 15 y el 18 de noviembre de 1978, la vieron después del nacimiento de Guillermo con él en brazos.

Los visitantes hablan poco y miran mucho. Escuchan y hacen alguna pregunta. “Estoy devastada” dice una mujer y se sienta. Ramona en cambio parece esperanzada. “Es la primera vez que veo a un nieto”, habla con la mirada iluminada esta mujer de Formosa, sobreviviente también, que se acerca a Sebastián y empieza a narrarle toda su historia. Cuando por fin se desahoga, lo abraza muy fuerte y parece que no lo quiere soltar. Cuando se separan ella sonríe. El también.

Además de las habituales visitas diarias de martes a domingos, una vez al  mes el Sitio organiza la “Visita de las Cinco”, el último sábado del mes, con invitados especiales y a las cinco de la tarde. Este marzo, excepcionalmente por el feriado del Día de la Memoria la visita será el domingo 25.

En el marco del día de la mujer, se recordará a Matilde “Tili” Itzigsohn, física y programadora de IBM en Astilleros Río Santiago, delegada gremial y militante de la Juventud Trabajadora Peronista (JTP) desaparecida. El recorrido será acompañado esta vez por Victoria Basualdo, historiadora e investigadora de FLACSO y CONICET, especialista en estudios del trabajo y movimiento sindical y por las hijas de Izigsohn: Lucía García, periodista y Maine García, socióloga y militante del CeProDH y PTS. La cronista invitada será la periodista y conductora de radio y TV Gisela Busaniche.

https://www.infobae.com/politica/2018/03/24/el-dia-en-que-cinco-nietos-volvieron-a-la-ex-esma-el-centro-clandestino-donde-nacieron/

Página 12 – Un homenaje a las Abuelas

Por Ailín Bullentini

Juan Cabandié, Guillermo Pérez Roisinblit, Pedro Sandoval Fontana, Sebastián Rosenfeld y Jorge Castro Rubel, sus historias y las historias de sus papás y mamás coincidieron ayer en un escenario que les provoca tristeza y, a la vez, los ayuda a seguir sabiendo quienes son. “Nuestra historia está hecha de detalles”, dirá Castro Rubel, tan nieto recuperado como los otros cuatro; tan hijo de desaparecidos como los otros cuatro; tan bebé nacido en el centro clandestino de tortura y exterminio que funcionó en el casino de oficiales de la ex Escuela de Mecánica de la Armada durante la última dictadura cívico militar como los otros cuatro, a modo de resumen de sus vidas. Ellos fueron los protagonistas de una nueva edición de la Visita de las Cinco a ese lugar, hoy reconvertido en sitio de memoria y museo.

La presencia de los nietos fue “una manera de homenajear a las Abuelas y solidarizarnos con su trabajo a 40 años de la creación del organismo”, explicó Alejandra Naftal, la directora del sitio de memoria ESMA. “Gracias a Abuelas pude saber mi origen”, destacó Castro Rubel.

Los cinco varones se entremezclaron con el público que asistió a la visita guiada. Entre ellos había sobrevivientes del centro clandestino y Gonzalo Reggiardo Tolosa, otro nieto recuperado que nació en La Plata. “Vine porque quiero acompañar a quienes siento como hermanos”, comentó.

Los cinco protagonistas de la visita nacieron ahí y dejaron en claro lo que les cuesta entrar a ese lugar. Cabandié apuntó la necesidad de “saber qué pasó” durante la última dictadura cívico militar “es importante en momentos de negacionismo como los de hoy”. “En momentos en los que se pone en duda lo que nos pasó, es necesario seguir contándolo”, sumó Rosenfeld, quien recordó que los delitos de lesa humanidad “nos sigue pasando y hasta hace dos días le seguía pasando a la nieta 125 que acaba de recuperar Abuelas. Ellas nos enseñan que nos sigue pasando”. Castro Rubel también les agradeció la búsqueda de los nietos y su posibilidad de “conocer su origen” y les dedicó la visita junto a las madres de los cinco por “haber resistido en este espacio de muerte y destrucción”.

El que más pudo convertir la tristeza en combustible fue Pérez Roisinblit. Visitó varias veces el ex centro clandestino así que lo camina suelto. De tanto en tanto, reunió al público para darle datos, explicarle cosas. Por momentos, fue un guía más. Uno especializado. “Sigo viniendo porque es necesario, porque ayuda a que los nietos no seamos algo abstracto, para que se entienda que lo que nos pasó a nosotros le pasó a toda la sociedad”, explicó.

La visita comenzó por uno de los salones donde desemboca la entrada principal del ex Casino de Oficiales, uno de los espacios de uso exclusivo de los marinos. Mezclados entre la gente, los nietos vieron la introducción audiovisual a la visita guiada que pone en contexto histórico, social, político y económico los hechos el horror que allí tuvo lugar. Sandoval Fontana dejó escapar una carcajada irónica cuando vio una imagen de jerarcas de la Iglesia Católica y la borró cuando se leyó la frase “Terror es no saber de dónde viene el miedo” proyectada en la pared. Recorrió los pasillos de la segunda sala de “contexto” en silencio, prestando atención a cada cartel, a cada explicación. De tanto en tanto, dejaba que su mirada se escapara hacia el techo. Fue su primera visita al lugar donde nació y dónde estuvo secuestrada su mamá, que permanece desaparecida.

La de Castro Rubel también. Había recorrido el ex Casino cuando estaba en plena construcción el museo. Ayer la compañía de los otros nietos le sirvió de apoyo. “Envidio a Guillermo”, bromeó en el sótano. Fue el único momento en el que se largó a “hablar”: “Tengo más preguntas que respuestas. Me cuesta venir, pero a la vez siempre tuve ganas. Es el lugar donde yo estuve con mi mamá”, resumió.

Entre las dudas de Castro Rubel figura el lugar donde estaba situada la enfermería dentro del sótano, espacio donde él y Guillermo nacieron. Alfredo Ayala, “Mantecol” en sus días montoneros, uno de los sobrevivientes de la ESMA que presenció la visita de los nietos, los ayudó a ubicarla. También la ex fiscal del tercer juicio que se está desarrollando por los crímenes allí cometidos, Mercedes Soiza Reilly, aportó lo suyo. El relato es colectivo, siempre.

El tercer piso del casino fue el más movilizador para los nietos. Allí sucedieron varios de los nacimientos de bebés en cautiverio que luego fueron apropiados. En una de ellas, un panel de acrílico muestra el pañuelo que la mamá de Rosenfeld le dejó de recuerdo a la sobreviviente Graciela Daleo, que la acompañó durante su cautiverio, que supo del nacimiento y de la entrega de Sebastián a otra familia y que se lo devolvió al nieto una vez que recuperó su identidad. Pérez Roisinblit se paró en la puerta del cuarto donde estuvo su mamá secuestrada los días antes de que él naciera, un espacio mínimo donde solo entraba un camastro y el techo del edificio, a dos aguas, aprieta el aire. “Es el lugar que más me conecta con mi historia. Imagínense el calor que haría acá en pleno noviembre, imagínense el calor que habrá sentido mi mamá, embarazada a punto de parir”, mencionó, y aprovechó para denunciar que Jorge Magnacco, el genocida obstetra que dirigió la mayoría de los nacimientos en la ESMA, entre ellos el suyo, pidió el beneficio del 2×1 y fue filmado violando su arresto domiciliario.

La visita culminó en el Dorado, el lugar de reunión de los jefes de tareas. Allí, entre risas reparadoras y las sensación de haber superado un desafío, algunos de los nietos dieron un cierre al recorrido. Castro Rubel recordó a Santiago Maldonado y habló por todos: “Todos nos hemos sentido tocados” por su desaparición forzada y el hallazgo de su cuerpo. “La historia se puede volver a repetir”, advirtió. “El peligro es que nos dejemos de hacer preguntas, que nos quedemos con certezas sin hacernos preguntas”, concluyó Rosenfeld.

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Página 12 – Caminos de la memoria

Las palmas de la mano de Guillermo Pérez Roisinblit acarician el pasamano de una escalera de la ESMA con la esperanza intacta de encontrar algún pequeño vestigio de su madre, Patricia Roisinblit. Las yemas de los dedos exploran las marcas de las esposas que llevaban los prisioneros en busca de rastros del espíritu de su madre. Lo éxtimo del gesto –que para Lacan paradójicamente era lo más interior sin dejar de ser exterior– se reiterará hoy a las 17 cuando participe de la performance Visita de las cinco en el Sitio de Memoria ESMA junto a otros nietos restituidos que nacieron en ese centro de detención clandestino: Jorge Castro Rubel, Juan Cabandié, Sebastián Rosenfeld y Pedro Sandoval Fontana. Para los nietos y el público que participará será un recorrido especial. Al margen del desasosiego político, la recuperación de la nieta 125, anunciada el pasado jueves, es una gran alegría en medio de tanta oscuridad. La cronista invitada es la periodista Analía Argento, autora del libro De vuelta a casa. Historias de hijos y nietos restituidos (2008).

Al menos 37 mujeres embarazadas pasaron por la ESMA entre 1976 y 1983. La mayoría de los niños que nacieron en los centros clandestinos fueron apropiados ilegalmente por represores o sus allegados. Salvo algunas pocas excepciones, las madres fueron asesinadas al poco tiempo de parir. Esta práctica de apropiación se constituyó en un Plan Sistemático de Robo de Niños con alrededor de 400 casos en todo el país. Las Abuelas de Plaza de Mayo lucharon para recuperar a 125 nietos y nietas, 12 de ellos nacidos en la ESMA. “Hay lugares adonde no me gusta ir, pero siempre termino yendo. Me gusta visitar los miedos de vez en cuando porque de un tiempo a esta parte yo también estoy militando en la búsqueda de los casi 300 nietos que faltan, a los que considero mis hermanos. Ir a la ESMA y pasar por todo ese infierno es como revivirlo –confiesa Pérez Roisinblit–. Para mí es un esfuerzo, pero no tanto si el resultado fuera que apareciera otro nieto que pueda recuperar su identidad”.

A Patricia, su madre, la secuestraron el 6 de octubre de 1978 de la casa que compartía con su compañero José Manuel Pérez Rojo y Mariana, entonces una beba de 15 meses. Patricia estaba embarazada de ocho meses. El matrimonio fue encerrado en el centro clandestino que funcionó en el Regimiento de Inteligencia de Buenos Aires perteneciente a la Fuerza Aérea (RIBA) en Morón. Por los testimonios de Sara Osatinsky, Amalia Larralde, Noemí Actis y Miriam Lewin, sobrevivientes de la ESMA, se descubrió que Patricia fue trasladada allí para dar a luz. Guillermo, el nieto de Rosa Roisinblit, vicepresidente de Abuelas, nació el 15 de noviembre de 1978, entre media mañana y mediodía.

–Hay una pregunta que vuelve: ¿cómo era posible que nacieran chicos en la ESMA? ¿Qué respuesta puede dar a más de 17 años de haber recuperado su identidad?

–Cuando fui encontrado en 2000, sabía que había habido una dictadura militar, que había habido desaparecidos. No sabía que también habían robado bebés y que uno de esos bebés podía llegar a ser yo. Pero después, leyendo las historias de los otros y enterándome de mi propia historia, escuchando testimonios de sobrevivientes como Miriam Lewin, la verdad es que la brutalidad, el cinismo, la falta de humanidad que tuvo la dictadura no debería haber sorprendido, porque pasaban cosas tan atroces como que naciéramos chicos en cautiverio. Esto no sucedía sólo en la ESMA sino en un montón de centros clandestinos: Campo de Mayo y los centros de los distintos Pozos (Pozo de Quilmes y Pozo de Banfield), entre otros. Hoy ya no llego a preguntarme cómo los responsables de todo esto pueden dormir con tranquilidad. No me lo pregunto más porque llegué a la conclusión de que había convicciones muy fuertes de parte de ellos: ninguno aportó datos, no se rompió en ningún momento el pacto de silencio y muchos en sus palabras finales en los juicios han reivindicado sus delitos. La verdad es que me quita toda esperanza de que les queden vestigios de seres humanos.

–¿Cómo fue su primera visita?

–En 2005, cinco años después que recuperé mi identidad, me pareció que había pasado el tiempo suficiente y estaba fuerte como para soportarlo. Pero la verdad es que salí de ahí hecho trizas. Fui con quien en ese momento era mi novia, y hoy es mi esposa y la madre de mis hijos. Me acuerdo de que estaba Cristina Kirchner, que era senadora, y estaba el juez Baltasar Garzón. Ese día entré por primera vez y recorrí junto con otros sobrevivientes el lugar. Escuchar lo que funcionaba en cada parte fue muy difícil. A mi mamá y a mí nos tenían en una pieza entre Capucha y el Pañol, y la pieza sigue ahí. Apenas entraba un camastro. Podemos decir que mi mamá era privilegiada por tener un camastro. El calor era sofocante porque el techo estaba a pocos centímetros, a mediados de noviembre. Los relatos estrujan el corazón, lo cual no significa que no sean necesarios. Yo necesitaba saber esa parte de mi historia. Uno necesita para cimentar su persona tener toda la historia, incluso las partes más dolorosas y brutales. Soy uno de los pocos nietos que nació en el Sótano. Hoy está desmantelado y no tiene el mismo impacto que Capucha. Cada vez que hago ese recorrido paso mi mano por el pasamano tratando de encontrar o de sentir, mediante el tacto, algo de la presencia de mi mamá…

–¿Qué aspectos del parto y las primeras horas con su madre pudo reconstruir gracias a los testimonios de las sobrevivientes?

–Después de todo lo que representa un parto, mi mamá tuvo una cuota de rebeldía. (Jorge Luis) Magnacco le dijo que “se había portado muy bien”. Mi mamá le contestó: “Mejor me porté en el parto anterior, cuando lo hice en libertad”… Sé que pidió tenerme un rato más en el pecho, me habló y me dio los nombres que debía haber tenido y que hoy tengo. Nos permitieron estar tres días juntos. Lo que no sé es si salimos de ahí juntos, o si la trasladaron por separado y a mí me llevaron de vuelta a Morón. No sé si en el tiempo en que nos trasladaron a la ESMA mi papá estaba vivo o lo mataron. O si la dejaron en la ESMA y el final de ella fue en un “vuelo de la muerte”. No sé si mi papá llegó a conocerme y a tenerme un ratito en sus brazos. Y pareciera ser que los genocidas piensan llevárselo a la tumba.

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La Primera Piedra – El derecho a la identidad de los nietos, la lucha de Abuelas de Plaza de Mayo

En los 40 años de Abuelas de Plaza de Mayo el objetivo principal estuvo dirigido a la recuperación del derecho a la identidad y a la necesidad de encontrar a quienes habían sido apropiados y devolverles su verdadera historia. Durante la dictadura cívico-militar, una de las principales maternidades clandestinas funcionó en el centro de detención de la Escuela de Mecánica de la Armada. En el marco del aniversario del organismo de Derechos Humanos y en el mes de la memoria, el Museo Sitio de Memoria ESMA, este sábado 28 de octubre, ofrece una visita cargada de sentimientos porque invita a recorrer un espacio dónde el horror se hizo carne junto a quienes allí nacieron y hoy recuperaron su verdadera identidad.

Abuelas de Plaza de Mayo cumplió sus 40 años de historia en el mes de octubre de 2017. Tras tantos años de lucha, su principal objetivo siempre estuvo apuntado a recuperar a los nietos que habían sido apropiados durante la dictadura cívico-militar y restituir su verdadera identidad. Esta pelea por mantener y devolver el derecho a la identidad que había sido arrebatado a casi 500 personas durante el genocidio, sólo pudo ser resuelto en tan solo 125 casos.

La planificación del robo de bebés

La extensión de las maternidades clandestinas se dio en todo el país de forma generalizada, de igual forma que la represión, el secuestro y la desaparición. En este sentido, la práctica de apropiación de bebés fue una parte integrante planificada y sistemática del genocidio. Así se pudo comprobar en el juicio de la causa sobre el “Plan sistemático de apropiación de menores” que logró la sentencia en el año 2012.

Alrededor de 500 hijos de detenidos-desaparecidos fueron apropiados y luego entregados a familias de militares, o sus cómplices. Además, muchos de ellos nacieron en centros clandestinos de detención. En todos los casos registrados, les anularon su derecho a la identidad y los privaron de vivir en libertad con sus legítimas familias y con su verdadera historia. 

Dentro de múltiples centro clandestinos se ubicaron maternidades clandestinas, tal es el caso de la ESMA que recibía a las mujeres detenidas-desaparecidas que estaban a punto de dar a luz, pero también en otros centros como Campo de Mayo, el pozo de Banfield o distintos hospitales militares. Entre 1976 y 1983 pasaron por la ESMA al menos 37 mujeres embarazadas que estaban detenidas allí o en otros centros clandestinos de la Ciudad de Buenos Aires, y que tuvieron a sus hijos en el cuarto para embarazadas del Casino de Oficiales.

La recuperación de la identidad y la memoria

En su mayoría, quienes nacieron en estas maternidades clandestinas fueron apropiados ilegalmente. A su vez, las madres de los bebés, salvo muy pocas excepciones, fueron asesinadas al poco tiempo de parir. Con el retorno de la democracia en 1983, gracias a la búsqueda incansable de Abuelas de Plaza de Mayo se logró conocer la verdad en 125 casos hasta la fecha y recuperar la identidad en muchos de ellos. 12 de estos nietos que fueron recuperados nacieron en la Ex ESMA y hoy pudieron restituir su historia.

El último sábado de cada mes, a las 17 horas, el Museo Sitio de Memoria ESMA organiza una visita abierta al público con invitados especiales que dialogan con el público sobre su historia vinculada a este lugar. En el marco del aniversario del organismo de Derechos Humanos y en el mes de la memoria, este sábado 28 de octubre “La visita de las cinco” ofrece una visita particularmente conmovedora e invita a recorrer el espacio junto a los nietos restituidos que nacieron allí como Guillermo Pérez Roisinblit, Jorge Castro Rubel, Juan Cabandié, Sebastián Rosenfeld y Pedro Sandoval Fontana, entre otros.

Este encuentro se presenta como un desafío y con múltiples sentimientos. Recorrer un lugar dónde el horror se hizo carne y las peores prácticas represivas se llevaron adelante. Hacer una visita en un espacio dónde los militares se sintieron dueños de la vida y de la muerte de las miles de personas que pasaron por el centro clandestino, pero también dónde se apropiaban de identidades. Poner el cuerpo en un lugar en el que las paredes, las marcas y las huellas que siguen presentes sacuden la conciencia por el presente actual y por el pasado que se reconvierte en activa memoria. Todo esto.

Sin embargo, estar allí como espacio de memoria, como lugar de encuentro y de reflexión junto a quienes nacieron en el centro clandestino pero que hoy recuperaron su verdadera identidad, es una pequeña victoria frente al genocidio. Gracias a la lucha de Abuelas de Plaza de Mayo, muchos nietos dejaron de vivir en la mentira y pudieron salir de su apropiación, recuperando su historia: que muchos de ellos, este sábado, recorran el lugar donde sus madres pasaron, también es un triunfo popular frente a la barbarie genocida.

http://www.laprimerapiedra.com.ar/2017/10/derecho-a-la-identidad-los-nietos-la-lucha-abuelas-plaza-mayo/

DW – El Instituto Goethe y el futuro de la memoria en Latinoamérica

Una reflexión en torno a los conflictos armados, la violencia, el olvido y la memoria proponen siete sedes de la institución alemana, a partir del diálogo entre artistas, expertos y comunidades.

En medio del proceso de paz que vive Colombia, en la sede de Bogotá del Goethe Institut nació la idea de abordar la pregunta sobre la memoria, el olvido y el futuro a través de un diálogo interdisciplinario. No sólo allí, sino también en otros países que han tenido una historia de represión, violencia sociopolítica y dictadura.

Así surgió el proyecto regional “El futuro de la memoria”, propuesto y coordinado por la sede Bogotá, al que se sumaron otro seis institutos de Sudamérica: Sao Paulo, Río de Janeiro, Montevideo, Lima, Santiago y Buenos Aires.

“La idea es generar un espacio de discusión entre los artistas latinoamericanos y ver qué está  pasando en relación con la pregunta por la memoria y el olvido, y cómo los artistas, desde un enfoque estético-político, pueden brindarnos otra mirada y poner esta discusión en otro escenario, que no sea el que ya existe de los lugares de memoria y las organizaciones de derechos humanos”, explica Úrsula Mendoza, del Instituto Goethe de Bogotá y coordinadora del proyecto.

En cada sede se están generando procesos de diálogo y reflexión en torno a estos temas, que se expresan en diversos espacios y soportes creativos, como teatro, performance, fotografía o video, entre otros. La relación entre memoria y espacio público, a través de una aplicación para celulares que propone un recorrido por la ciudad, o el registro de la lucha de comunidades obligadas a desaparecer, son algunas de las propuestas.

Territorio amenazado

Artistas, investigadores, miembros de organizaciones sociales y la misma comunidad participan en forma colaborativa. “Es un diálogo interdisciplinario. Tenemos artistas trabajando con un lugar de memoria, como la ex ESMA (centro de detención y tortura) en Buenos Aires, y también artistas, pensadores y comunidades indígenas guaraníes y habitantes del barrio de  Cracolandia, en Sao Paulo, trabajando juntos”, relata Úrsula Mendoza.

Desde el terreno de la estética se proponen nuevas narrativas. “Es un espacio de experimentación muy fructífero, que actualiza la pregunta sobre quién está desapareciendo hoy, no sólo las personas, sino también las condiciones para una vida digna, o los territorios rurales o indígenas”, sostiene.

En Río de Janeiro, la acción se realiza en un sector que fue desalojado para los juegos olímpicos, donde 20 familias decidieron quedarse. “Ellos tienen un proceso de resistencia muy largo, de mucha violencia de la policía. Esas familias quieren hacer visible su existencia. Tienen un archivo sobre todo lo que han vivido y trabajamos con herramientas para visualizarlo”, explica Úrsula Mendoza.

Reconstruir el tejido social

“La historia del conflicto colombiano es una historia larga, que ha pasado por varias generaciones. Hay personas que nacieron en la guerra y no conocen el país de otra manera, sin la sensación de inseguridad e intimidación constante, sobre todo en las regiones rurales”, dice Óscar Moreno, artista colombiano.

“Las décadas de conflicto han resquebrajado el tejido social y la comunicación sensible entre las personas. Nos hemos acostumbrado a estar más divididos que unidos. En ese escenario, las manifestaciones artísticas y culturales son fundamentales como base para la reconstrucción del tejido social en términos de sanar y volver a juntar -desde lo emocional, los afectos, los imaginarios- lo que la guerra separó”, agrega.

A partir de la escucha sensible del relato de una víctima de la violencia, se propuso una acción estética. Esto incluye un dispositivo de escucha en una casa desmonatble, que va a itinerar por diferentes ciudades, donde se generarán espacios para compartir, como en un programa radial, las vivencias de las comunidades.

“En un país como Colombia, conversar tiene un gran valor y permite regenerar ese tejido social -sostiene Moreno-. La pregunta por la memoria es necesariamente la posibilidad de construir un país con futuro”.

Archivos: patrimonio cultural

En Argentina, un grupo de artistas desarrolla diferentes líneas de acción en torno a la historia del futuro. El eje conductor es el trabajo con archivos, ya sea con la relectura de cartas de prisioneros políticos y exiliados durante la dictadura o la intervención de imágenes de documentos de procesos judiciales.

Se trata de “representar desde lo artístico y entender que el archivo visual y documental de una organización de Derechos Humanos no es solamente un patrimonio jurídico sino que es un patrimonio cultural que permite elaborar una narrativa”, sostiene el fotógrafo Marcelo Brodsky, quien realiza una de las cuatro acciones del proyecto en Argentina.

El artista trabaja con el archivo textual y visual del CELS, organización de defensa de los Derechos Humanos de ese país, el cual Brodsky fotografía e interviene en algunos casos. “Estos archivos son una fuente narrativa, particularmente en su aspecto visual. Las nuevas generaciones no entienden la historia si no ven imágenes. Ésta es una forma alternativa de contar la historia, pues la imagen tiene una lectura polisémica”, indica Brodsky.

El proyecto de las siete sedes del Goethe Institut en la región contempla un amplio programa de actividades en cada país. El proceso dura dos años y culminará con un encuentro en Cali, Colombia, el 2018.

 

 

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Photo Battaglini – ESMA: i voli della memoria

Text and Photos by Andrea Battaglini

Già alla stazione ferroviaria del TrenMitre di Rivadavia, ribattezzata Estación de la Memoria, murales variopinti di anarchica fattura annunciano la prossima e famigerata Escuela di Mecánica de la Armada argentina. Che, forse perché il caso del desaparecido Santiago Maldonado troneggia nelle prime pagine dei quotidiani strumentalizzato a dovere sia dai kirchneristi che dai macristi ( le elezioni di midterm sono alle porte), è particolarmente affollata soprattutto da studenti e professori in visita guidata.

E se non fosse per gli striscioni artigliati alle recenzioni che urlano cromaticamente l’ennesima scomparsa causata dall’intervento muscolare delle forze dell’ordine, dall’esterno l’ESMA con i lussureggianti giardini di 17 ettari curati come il Rosedarium del parco Palermo richiama più uno storico campus univeristario che il “microlager” sostenuto dai criminosi dittatori del Nacht und Nebel Videla, Massera y Cìa.

E’ infatti qui, nel Casino de los Oficiales, che tra il 1976 e il 1983 venne organizzato uno dei centri clandestini di detenzione, il chiamato “Selenio” secondo il codice gansteristico dei marinai, dove operò il “Grupo de Tareas 332” specializzato in sequestri, torture e assassinii confezionati con crudele dovizia a scapito di attivisti, militanti e simpatizzanti della guerriglia peronista Montoneros, di quella dell’Esercito Rivoluzionario del Popolo e dei loro famigliari. Non solo; ma sempre qui, a poca distanza dallo stadio del River Plate, arrivarono coatti anche imprenditori e funzionari della propria dittatura considerati molesti. Alle giovani vittime tormentate furono rubati i neonati partoriti nelle anguste celle e poi venduti alle famiglie dei militari sterili. Ai saccheggiati, los chupados in gergo, furono sequestrati beni e proprietà e infine, ingannati a dovere e narcotizzati con Pentotal, in quasi cinquemila caricati sugli aerei dell’Armada e gettati vivi nel Mar del Plata con i “voli della morte” narrati ne “Il volo” da Horacio Verbitsky. Fu una matanza.

Irritata dai selfie scattati da nuvole di ragazzi sullo sfondo della facciata del padiglione dove nel maggio del 2015 – e cioé durante la presidenza di Cristina Kichner – è stato “allestito” il Museo Sitio de Memoria/Unesco, Celeste Oruzco – una delle addette stampa preposte alle visite guidate – intima: ” E’ meglio raccogliersi prima di entrare perché la visita è molto forte, lascia il segno; e comunque non si assite a un tangoshow!”. Detto anche a uno che ha visto due volte Auschwitz e Birkenau, Buchenwald e le prigioni del KGB di Vilnius il suggerimento lascia di stucco e indispone. Soprattutto perché la facciata è anticipata da un’installazione trasparente, assai spettacolare, dove campeggiano in carellata i ritratti in bianco e nero di alcuni desaparecidos. Una scelta registica felice, ma davvero estetizzante. Tant’é: tipica presunzione porteña espressa quando si pensa di avere comunque un primato; anche sulle disgrazie.

Il museo snocciolato su tre piani non è interattivo ma è gonfio di fotografie, didascalie gigantesche, slogan e dati al neon, video, testimonianze dei sopravvissuti. Un po’ in stile polacco insomma, come nei più recenti musei storici di Varsavia, Danzica e Gdynia (della Seconda Guerra Mondiale, dell’Emigrazione, della Rivolta, del Museo Ebraico/Polin…). Con alcuni spazi silenti e spogli, come la stanza delle “partorienti” cui poi veniva rubato il nuovo nato, lasciati alla figurazione e all’immaginazione dei visitatori.

Tra argentini e stranieri dal 2015 a oggi Il Museo Sitio de Memoria ha contato 90.000 presenze di cui 16.141 studenti delle primarie e secondarie e oltre 5.000 universitari. Inoltre 6.379 frequentatori dei vari eventi a tema organizzati settimanalmente nelle sale del “museo”.

Tanti o pochi in una metropoli di quasi 14 milioni di abitanti e in un paese che conta 44 milioni di anime?

Ancor meno, non lontano, sono stati i visitatori locali e stranieri del Parque de la Memoria, assai più eloquente ed evocativo se non altro perché si stempera dall’Avenida Costanera Norte nell’arcano Mar del Plata color CocaCola e poi perché il vuoto dice sempre più del pieno, come Birkenau e Buchenwald rispetto ad Auschwitz: l’ultimo ferisce e incupisce, i primi due ammutoliscono.

Il “Parque” si concreta in un muro di granito grigio che zigzaga verso il “mare” dove sono incisi i nomi dei desaparecidos (quanti esattamente? y, quien sabe?) e termina nell’acqua dove emerge un umano fuso in acciaio.E’ anticipato da un parterre au bord de mer dove campeggiano sculture e installazioni d’arte contemporanea. Curiose.

Riguardo alle dittature e agli stermini sistematici inocula meglio del museo gli anticorpi alle future generazioni. Quando lo frequentano. Infatti se la condanna definitiva emessa il 29 novembre nei confronti di 54 imputati (29 ergastoli, 6 assolti) ha suscitato – dopo 5 anni di megaprocesso senza testimoni né militari perché tutti deceduti tranne Adolfo Scilingo – giubilo ovunque nel paese ed è stata vissuta come una vera catarsi collettiva, tantissimi argentini hanno proprio voglia di dimenticare. Per proseguire guardando oltre, visto la trentennale altalena di governi schizofrenici e l’incerto andamento economico che tra cadute e risalite pare tracciare un’arrugginita sinusoide.

Certo, nelle scuole si dice della dittatura e delle sue nefaste nefandezze ma, come in Italia e a differenza della Germania ad esempio, una vera analisi della diffusa mentalità remissiva, dei taciti consensi o delle connivenze di alcuni grandi industriali e di tante alte cariche del clero e dei comportamenti a dir poco ambigui che hanno accompagnato la dittatura civico-militare, è ancora assente.

Eppure l’Argentina fu negli anni Ottanta con Raul Alfonsin un esempio planetario per i processi alla cupola della dittatura. Poi vennero gli indulti e le impunità degli anni Novanta. Ma dal 2003 sotto l’impulso del governo di Nestor Kirchner il paese tornò un modello per le condanne di lesa umanità inferte agli infami militari che ancora pochi giorni fa nelle aule del tribunale supremo sventolavano il testo negazionista “Mentirás tus muertos” di José d’Angelo. Anche se, come ricorda una intellettuale e storica dell’arte – Maria José Herrera oggi direttrice del Museo Tigre ed ex del curatrice del Macba – ” i Kirchner e soprattutto Cristina in nome dei diritti umani, sventolati un giorno si e l’altro pure, hanno soprattutto arricchito se medesimi e il loro entourage. I diritti umani li hanno usati troppo ambiguamente come bandiera sociale. Perfino la Hebe de Bonafini, storica portavoce delle Madri di Plaza de Mayo, venne trascinata in scandali di corruzione dal kirchnerismo populista. Ecco perché ora anche il ceto più evoluto e progresisista in mancanza di valide alternative vota Macri che non è ideologico”.

Non solo. Almeno gli argentini ultracinquantenni ricordano che pochi montoneros furono “equilibrati” come – più tardi – si è poi dimostrato l’ex presidente uruguagio Mujica e che assieme ai militanti del gruppo Erp dal 1969 al 1975 i “terroristi” organizzarono quasi 12.000 attentati, fecero esplodere 4000 bombe e uccisero 1100 civili favorendo così il golpe militare del 24 marzo. E furono atrocità rimaste senza condanna; anzi alcuni degli esecutori ricoprirono poi incarichi istituzionali durante i governi dei Kirchner. Due pesi e due misure? Se anche fosse gli angeli della morte hanno segnato una delle pagine più devastanti e impietose nella storia del ConoSur.

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Infobae – La enseñanza en el siglo XXI: una iniciativa con la memoria y los derechos humanos como herramientas

El Holocausto, la dictadura argentina, los genocidios del siglo XX son acontecimientos que convocan a una reflexión sobre el pasado pero que pueden también invitar a reflexionar sobre la discriminación y la violencia en la actualidad. Y la educación es la rama fundamental para ello.

Bajo este idea se llevó a cabo el “Seminario Internacional: Experiencias significativas en el desafío de enseñar el Holocausto y los Genocidios en el siglo XXI”, cuyo propósito es fomentar el trabajo que se desarrolla desde los Estados y las organizaciones de la sociedad civil para promover acciones educativas por la Memoria, los derechos humanos y la formación ciudadana.

La agenda del evento incluyó la posibilidad de intercambiar experiencias educativas de diferentes partes del mundo, con organismos estatales, de la sociedad civil e internacionales. Entre ayer y hoy, el programa comprendió una serie de conferencias, testimonios, talleres, muestra de artes, dos obras de teatro y visitas a sitios de Memoria.

El acontecimiento se llevó adelante en distintas sedes: la casa de Ana Frank, el Museo “Sitio de la Memoria ESMA” y el Palacio Sarmiento, donde se realizó el acto inaugural. En la apertura estuvieron presentes el ministro de Educación, Alejandro Finocchiaro, junto con el secretario de Derechos Humanos, Claudio Avruj, el director del Centro Ana Frank Argentina, Héctor Shalom y el representante de UNESCO, Karel Fracapane.

“Me gustaría que la marca que diferenciara a la Argentina fuese la diversidad. Que la Argentina fuese un país diverso, que toda persona de cualquier parte del mundo, cualquiera sea el credo al que pertenece, sus ideas políticas, su condición cultural, el color de su piel, su condición sexual, viniese a nuestro país y se sintiera cómodo. Me gustaría que la Argentina fuera un país donde todos respetáramos nuestra condición humana. La diversidad nos enriquece y el distinto nos fortalece porque aprendemos de él”, expresó el titular de la cartera educativa.

“Cuando educamos transmitimos el legado para las próximas generaciones. Y los derechos humanos, el respecto a la diversidad, al otro lo tenemos que tener tan incorporado que debe formar parte de esa cultura que la educación transmite hacia futuro”, añadió el también Ministro y Embajador del país ante la Alianza Internacional para la Memoria del Holocausto (IHRA).

Por su parte Avruj destacó: “El testimonio de los sobrevivientes es un arma fundamental en la transmisión de la memoria”. Y agregó: “Corresponde ahondar sobre qué lecciones nos deja el pasado para poder ser más que maestros y convertirnos en mensajeros”.

En tanto, Shalom dijo que desde su espacio abogan por “la pedagogía y la memoria como un lugar en el que es posible de lo más cruel de la historia extraer los aprendizajes para tener una visión del futuro positiva y esperanzadora”. Y Fracapane comentó: “En la UNESCO creemos que el conocimiento es una herramienta para la paz. Por lo mismo es importante enseñar sobre el Holocausto y la historia de los genocidios: estos exponen la fragilidad nuestras sociedades, de nuestras normas y valores democráticos”.

Estas jornadas se desarrollaron en el marco del compromiso que la Argentina sostiene como miembro de la Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto (IHRA). Participaron alrededor de 100 personas, entre integrantes de equipos educativos, referentes, docentes especializados en proyectos de memoria, entre otros. Y además de los especialistas locales, llegaron representantes de Chile, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Ecuador, México, Paraguay, Perú, Uruguay, Alemania y Holanda.

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Bio Bio Chile – Seminario Villa Grimaldi abordó ley de sitios de memoria y Derechos Humanos

La exigencia de una ley de sitios de memoria y dar continuidad de las demandas de los movimientos de derechos humanos, fueron los temas coincidentes de los expositores del segundo día del Seminario Internacional Crímenes de lesa humanidad y terrorismo de Estado, organizado por Villa Grimaldi. La jornada incluyó una manifestación, al interior del sitio de memoria, en la cual los asistentes demandaron el término de la desaparición forzada y el retorno con vida del joven trasandino Santiago Maldonado, una de las últimas víctimas de esta práctica criminal.

Cuando se vuelven a producir desapariciones en América Latina, como ocurre con el caso de Santiago Maldonado en Argentina; José Huenante, José Vergara y Hugo Arispe en Chile, y los 43 estudiantes desaparecidos en Ayotzinapa, se hace evidente que no es posible indicar que existen garantías de no repetición de crímenes de lesa humanidad, como la desaparición forzada.

Alejandra Naftal, Directora Ejecutiva del Museo de Sitio de Memoria ESMA, Argentina, indicó que lo único que no podemos creer que hay batallas ganadas. “Cuándo pensábamos que hemos ganado todas las batallas de la memoria, que los juicios avanzan, que hay políticas de Estado que se respetan pese a los cambios de gobierno, estos hechos nos demuestran todo lo contrario, y que nunca debemos dejar de estar alertas y seguir dando estas batallas”.

Manifestó que le parece preocupante lo que pasa en su país, pero lo ocurrido en el último mes tras la desaparición de Maldonado, refuerza la idea que, desde el retorno de la democracia en 1983 en Argentina, “todas las salidas que se implementaron para fortalecer la democracia, y todas las salidas para enfrentar las distintas crisis que tuvo el país, vinieron desde el movimiento de derechos humanos”. Añadió que “el movimiento de derechos humanos, a través de sus políticas de memoria, verdad y justicia son el referente de la sociedad argentina”.

Por último, indicó que el gran desafío “de quienes trabajamos en los sitios de memoria es vincular nuestro trabajo con el presente, y así que nuestros espacios sigan teniendo sentido y vigencia en la construcción de una cultura de los derechos humanos”.

Por su parte, Alberto Rodríguez, Vicepresidente del Directorio de la Corporación Parque por la Paz Villa Grimaldi, indicó que, en la realidad chilena, se vuelve imperativa una ley de sitios de memoria en el presente, para poder seguir llevando a cabo el trabajo, ya que no se puede seguir dependiendo de las decisiones de los gobiernos de turno para asegurar el funcionamiento de estos espacios.

Indicó que es una responsabilidad de los Estados el asegurar la existencia de estos espacios, que son clave en la construcción de una sociedad democrática y donde se respeten los derechos humanos.

Añadió que, en relación a las garantías de no repetición de los crímenes de lesa humanidad y terrorismo de Estado, una de las conclusiones del seminario es que los expositores nacionales y extranjeros han coincidido que no resulta posible asegurarlas. Además, indicó que por eso no resulta posible abandonar las luchas, ni dejar de seguir manteniendo en pie las exigencias de verdad y justicia que las agrupaciones de detenidos desaparecidos y ejecutados políticos, y que los sitios de memoria siguen demandando.

La segunda jornada del seminario incluyó una visita a Villa Grimaldi, donde se compartieron experiencias de los sitios de memoria; dos mesas temáticas, una sobre los movimientos sociales en América Latina y sus perspectivas, y otra sobre memoria, derechos humanos y educación desde los sitios de memoria.

La jornada consideró también la presentación del libro El cóndor sigue volando, del paraguayo Martín Almada; y el concierto de cierre con la participación de Ana Tijoux, Paula Ferré y Carlos ‘Tato’ Ayress

http://www.biobiochile.cl/noticias/artes-y-cultura/actualidad-cultural/2017/09/04/seminario-villa-grimaldi-abordo-ley-de-sitios-de-memoria-y-derechos-humanos.shtml

La Patilla – Recuperar memoria histórica prevendrá futuras violaciones de DDHH en América Latina

Recuperar la memoria histórica es la manera más eficaz que América Latina tiene para evitar las violaciones a los derechos humanos, coincidieron hoy los expositores del seminario internacional “Crímenes de lesa humanidad y terrorismo de Estado”, llevado a cabo en Santiago.

EFE

Cuando la región “vira hacia la derecha”, aumenta la preocupación entre los movimientos de derechos humanos respecto de la reparación de familiares y víctimas de las dictaduras que aquejaron a 18 países en la década de los setenta.

“Un gobierno interesado en la causa, dispondrá recursos para investigación, juicios y educación sobre derechos humanos, pero las derechas modernas son más peligrosas, porque tratan de banalizar lo ocurrido”, señaló a Efe la museóloga argentina Alejandra Naftal.

Naftal, quien sufrió con solo 17 años las atrocidades del último régimen argentino, dirige actualmente el sitio de memoria ubicado en lo que era la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), el mayor centro clandestino de torturas de esa dictadura, que capturó a más de 5.000 detenidos desaparecidos entre 1976 y 1983.

En la Argentina de Mauricio Macri “no es prioridad la búsqueda de verdad, memoria y justicia”, pero este Gobierno “fue elegido democráticamente”, por lo que habrá que encontrar “nuevas maneras de mantener en pie esa problemática”, aseveró la funcionaria, cuyo museo fue inaugurado en 2012, a 41 años del golpe de Estado encabezado por Jorge Rafael Videla en su país.

Actualmente, las sociedades latinoamericanas “impulsan proyectos populares para recordar ese pasado reciente y ver qué acciones se toman en el presente”, dijo Naftal, en alusión a los espacios de memoria patrocinados por los gobiernos y organizaciones humanitarias.

En opinión de los interventores, la constante lucha de los movimientos de derechos humanos, que se replica hasta la fecha en las naciones americanas, aún tensa las relaciones con los respectivos poderes, pese a los avances alcanzados ya en democracia.

“Los gobiernos latinoamericanos se sienten incómodos con el concepto de derechos humanos, porque esos derechos están en mano de los ciudadanos y eso les complica”, expresó a Efe el abogado chileno Roberto Garretón, arrestado bajo el régimen de Augusto Pinochet por difundir un artículo sobre los crímenes de lesa humanidad que se cometían en la época y que el mando callaba.

El jurista, que luego representaría a América Latina y el Caribe en el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, manifestó que las condenas a los represores marcan “un progreso”, pero “la cobardía en las Fuerzas Armadas persiste”.

“En Chile ha habido muchas sentencias para violadores de derechos humanos, pero no con las condenas que uno quisiera”, debido al manto de silencio que aún protege a las milicias, declaró Garretón, quien sostuvo además que los grupos ultraderechistas representan “un riesgo constante” para las democracias.

La segunda mitad del siglo XX será recordada como una época oscura en la historia de América Latina a causa de los 31 dictadores que encabezaron los más violentos regímenes cívico militares en 18 países de la región, con cifras de víctimas “difíciles de determinar”.

“Aún intentamos digerir la magnitud de nuestra tremenda dictadura, la más larga y violenta de nuestra historia republicana, cuyo conocimiento es todavía una tarea pendiente”, subrayó el antropólogo de la Universidad de Chile, Elías Padilla, quien estimó en más de 33.000 las violaciones a los derechos humanos en el país suramericano entre 1973 y 1990.

“La investigación, los informes oficiales y los testimonios son la única posibilidad para dar a conocer lo que ocurrió y así evitar que estos hechos vuelvan a repetirse”, declaró Padilla, cuya tesis apunta a un “plan de exterminio de grupos sociales” originado desde el exterior.

El coloquio realizado en el Centro Cultural Gabriela Mistral fue organizado por la Corporación Parque por la Paz Villa Grimaldi e incluyó la participación de autoridades, académicos y representantes de la sociedad civil de varios países latinoamericanos.

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